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Docencia: La Lectura y las Élites

JUAN CARLOS MIRANDA ARROYO

Juan Domingo Argüelles retomó recientemente a Alberto Manguel y a José Saramago para referirse a la compleja relación entre los libros, la lectura y las élites. Manguel afirmó lo siguiente durante una entrevista: “… La proporción de lectores con respecto al resto de la sociedad es muy pequeña. Los lectores son una élite, pero una élite a la cual todo el mundo puede pertenecer.” En otra parte de su texto, Argüelles afirma: “Hasta José Saramago, a quien nadie acusaría de hombre de derechas, dijo lo que es obvio para quien realmente sabe sobre libros y lectura”: “Leer siempre fue y siempre será cosa de una minoría y no vamos a exigir a todo el mundo la pasión por la lectura”. (1)

Aunque la crítica que hace Argüelles está enfocada hacia las políticas culturales de la 4T (con la discutible interpretación de la “cultura del resentimiento”), su reflexión crítica acerca de las relaciones contradictorias entre los libros, la lectura y las élites, me recuerda y vincula con los procesos de formación escolar de las niñas, los niños, jóvenes y adultos en México, pero también, y en particular, me conecta con mis preocupaciones acerca de los procesos de aprendizaje de los docentes y directivos de la escuela pública en el tramo conocido como “educación básica”.

Algunas de las preguntas que me sugirieron tras la revisión de la reflexión crítica referida son: ¿Cómo se forman los hábitos de lectura de los docentes y directivos de la escuela pública? ¿La acumulación de horas de lectura que llevan implícitos los cursos en las Escuelas Normales o en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) son suficientes como para crear y establecer en los futuros docentes las rutinas lectoras y redactoras? Por otra parte, a nivel de las prácticas docente y pedagógica: ¿Qué impacto tienen las actividades lectoras y de escritura de los docentes y demás figuras educativas, en los aprendizajes escolares y, específicamente, en los hábitos de lectura y escritura de los estudiantes? ¿Qué leen y sobre qué escriben nuestros queridos maestros y maestras de la educación básica pública en México; y para qué; con qué intención lo hacen?

Considero que una referencia válida para identificar si en realidad las instituciones formadoras de docentes, directivos escolares y otros profesionales de la educación (con intenciones o no de constituir élites ilustradas), promueven la lectura y la escritura original, consistiría en saber si los docentes, asesores, personal administrativo y directivos de dichas instituciones son lectores y escritores asiduos o no. Mi experiencia en UPN es variada y oscilante al respecto.

Por cierto, en alguna ocasión propuse en la mesa o equipo técnico estatal de la educación básica en Querétaro que, al iniciar cada reunión de trabajo y acuerdos, alguno de los participantes hiciera una breve reseña sobre un libro que estuviera en proceso de lectura personal o grupal. La práctica despertó entusiasmo por un tiempo corto (unos cuantos meses), pero esa rutina se perdió posteriormente. Me quedé con la impresión de que, en las burocracias técnicas de la educación pública, (a partir de esta experiencia singular y sin ánimo de generalizar) los hábitos de lectura son escasos e intermitentes, y los de la escritura son prácticamente inexistentes.

Algún cambio urgente deberíamos de proponer al respecto. Voto por crear y promover formatos innovadores en ese ámbito. Además de reformar las agendas de los Consejos Técnicos Escolares (CTE), que han estado enfocados, desde 2013, a la reproducción acrítica del “gerencialismo tecnocrático” de lo educativo, propongo llevar a cabo círculos de lectura o talleres de redacción (sin pretensiones demagógicas como para formar “escritores”) en los colegios de profesores y directivos escolares, durante o de manera independiente a los tiempos marcados para realizar los CTE. Quizá una iniciativa de esa naturaleza contribuya, más que la retórica de la “excelencia”, a ejercer el derecho a la educación.

Por otra parte, el contacto con miles de estudiantes que me ha dado la tarea docente y la organización de procesos de formación continua para docentes en servicio, por más de 30 años, me lleva a la conclusión de que hacen falta más tiempos y espacios para el fomento y fortalecimiento de las actividades de lectura y escritura en favor de los docentes, asesores técnicos y directivos escolares del sector público tanto en formación como en el ejercicio de su profesión.

La discusión que sugiere Argüelles, en el sentido de que es casi imposible que la lectura o la escritura se conviertan en actividades de masas (“del bonche” o de gran cantidad de gente) porque son, por definición, actividades elitistas, requiere de incorporar más elementos de análisis o de matices (no se trata, por ejemplo, de que todos terminen sus vidas como escritores, sino que se generan las condiciones para ejercer esas habilidades trascendentes para la vida), por lo que no me pronunciaría a favor de que la lectura ni la redacción sean patrimonio de una minoría o de las élites (gobernantes o no), sino en todo caso pensaría que la lectura y a la escritura, como habilidades intelectuales, pueden ser accesibles a toda la población (sobre todo a través de la escuela pública) y que se unifican en la reivindicación del derecho pleno de todas las personas a la educación.

De ese piso básico pueden surgir, en efecto, los talentos para la prosa, para el verso, para la danza clásica o para el drama o la comedia; para el cine de arte o para el periodismo científico, pero lo más relevante es que estudiantes, docentes y directivos escolares vivan la experiencia y el gozo, en un sentido transformador, de ambas habilidades.

Concluyó con un fragmento de Argüelles con el cual coincido: “Lo importante, en la denominada “república de lectores”, no es que todo el mundo esté pegado permanentemente a los libros, sino que todo el mundo tenga acceso a ellos, más allá de que cada cual decida si le gusta leer mucho o poco, o no leer en absoluto. Hay inclinaciones intelectuales que resultan excluyentes, y no hay razón para lamentarlo.”

Fuente consultada:

(1) Juan Domingo Argüelles. La élite y el bonche: La cultura y el resentimiento. El Universal. Confabulario. 13 de julio. 2019.

https://confabulario.eluniversal.com.mx/mexico-politica-cultural/

[email protected]

Texto publicado originalmente en el sitio SDP Noticias

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