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El SNI y las instituciones públicas de educación superior

Jesús Francisco Galaz Fontes

Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapotzalco

Luego de 35 años de existencia puede afirmarse, sin lugar a dudas, que el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) ha contribuido a modificar aspectos importante del trabajo científico que se lleva a cabo en el país y, así mismo, ha propiciado cambios en diversos indicadores de dicha actividad. Al centro de tales indicadores están las publicaciones en revistas y casas editoriales de prestigio nacional e internacional. Hay otros marcadores del impacto del SNI, pero el núcleo de este sistema de pago por mérito está conformada por el factor publicaciones. Aunque la obtención de un doctorado o una formación equivalente es una condición esencial para ingresar al sistema, las publicaciones constituyen el criterio fundamental para permanecer y avanzar en él, y un nada despreciable número de académicos han asumido tales lineamientos, al menos parcialmente, como guía de su carrera dentro de la academia.

En México existe un número relativamente pequeño de instituciones públicas cuya tarea principal consiste en la realización de investigación y docencia de posgrado; tal es el caso de los Centros Públicos de Investigación adscritos al CONACYT y los Institutos Nacionales de Salud. No obstante, la inmensa mayoría de las instituciones públicas de educación superior (IPES), independientemente de que un pequeño número de ellas realice importantes labores de investigación, tiene como finalidad central atender la formación de profesionistas. Estos dos grandes tipos de IPES tienen perfiles diferentes a lo largo de varias dimensiones, entre las que sobresalen el perfil y cultura de su personal académico, las características del estudiantado que atienden, la infraestructura con la que cuentan, el monto de sus financiamientos, la dinámica de su gobierno institucional, los programas que trabajan y la región del país en la que están ubicadas. Si partimos de la premisa que las funciones de un sistema de educación superior incluyen tanto la investigación como la docencia, la extensión y la vinculación, puede concluirse que ambos grupos institucionales son necesarios, aunque no necesariamente con el mismo número de instancias de uno y otro tipo.

El propósito original del SNI fue compensar una crisis salarial del personal académico orientado hacia la investigación y, de paso, incentivarlo para que se involucrara más y mejor en dicha actividad. El programa está organizado alrededor del investigador individual, pero sucede que éste no trabaja en un vacío institucional, por lo que no es razonable esperar que sus actividades se vean impactadas de una manera significativa en lo individual sin que, al mismo tiempo, el contexto en el que se desenvuelven también se vea afectado. Es verdad, los académicos SNI han elevado la cantidad de sus publicaciones y han modificado pertinentemente otras de sus actividades,  pero también sabemos que las recompensas económicas y simbólicas personales, así como la relevancia que los académicos SNI tienen para sus instituciones, los ha transformado en una élite académica y alejado de las actividades docentes propias de la gran mayoría de las IPES. Se argumenta que no todos los académicos están obligados a convertirse en investigadores, pero ¿qué sucede cuando las mayores recompensas financieras y de prestigio están asociadas a la investigación?; ¿cuando la dedicación a la docencia, sobre todo aquella de pre-grado en la que se trabaja con estudiantes con un capital académico limitado, no es recompensada en forma adecuada ni financiera ni simbólicamente?; ¿cómo se afecta la cultura organizacional cuando a los ojos de los académicos la mejor alternativa de desarrollo profesional dentro de las IPES es la asociada al SNI y no la que pueda seguirse dentro de su propia institución?

El SNI no solamente ha afectado al académico mexicano a nivel individual; también ha tenido un importante papel en la modificación de la cultura académica y organizacional de las IPES en las que trabaja. Parte de este impacto ha sido sin duda alguna positivo, pero la ausencia (o presencia muy limitada) de dispositivos institucionales que ponderen efectivamente las actividades de investigación de su personal en el contexto de sus objetivos centrales, parece haber creado el espejismo de que los retos de la educación superior mexicana se resolverán cuando todo su personal de tiempo completo sea miembro del SNI, independientemente de los objetivos de la institución en la que trabajan, su habilitación y su vocación personal. Ante el poder avasallador de las recompensas materiales y simbólicas asociadas a un programa nacional como el SNI, las idiosincracias institucionales actuales no ofrecen oportunidades equivalentes para que sus académicos persigan un desarrollo profesional con perspectivas atractivas de reconocimiento. 

¿Es deseable que en todas las IPES los académicos de tiempo completo tengan acceso a una remuneración y a un reconocimiento adecuados solamente si son integrantes del SNI? ¿Cómo es que dichas instituciones van a realizar entonces las tareas docentes, de extensión, vinculación y/o de gestión tan relevantes para el logro de sus objetivos institucionales? Si las IPES no desarrollan alternativas de desarrollo profesional, ofrecen remuneraciones dignas y otorgan prestigio académico a los académicos interesados centralmente en la docencia, la extensión y/o la vinculación, acabarán por convertirse en meras plataformas para que sus académicos intenten ingresar al SNI y, llegado el momento, busquen una institución que les ofrezca las mejores condiciones para avanzar en su carrera como investigador nacional. De una manera paradójica el éxito del SNI representará, de no atenderse esta situación, la pérdida de sentido de las IPES como tales. Los discursos institucionales en cuanto a las funciones de la educación superior no desaparecerán, pero sobre los hechos todos los académicos y directivos sabrán, y actuarán en consecuencia, que lo realmente importante es formar parte de la élite académica mexicana, más que coadyuvar a que cada una de las IPES cumpla las funciones para las cuales fue creada.

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