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¿Cayó como anillo al dedo la pandemia del Covid-19 a la Nueva Escuela Mexicana?

Fidel Ibarra

La expresión que da título al presente artículo, como es de dominio público, procede del presidente López Obrador cuando en su momento afirmó en una de las mañaneras que la pandemia del Covid-19 había caído como anillo al dedo al proyecto de la 4T. Una expresión que fue mal interpretada en la opinión pública, porque la intención comunicativa del presidente era afirmar que con esta contingencia sanitaria había necesidad de profundizar -todavía más- la política social de su gobierno. 

Traslademos esta expresión del presidente al tema educativo y preguntémonos: ¿cayó como anillo al dedo la pandemia del Covid-19 a la Nueva Escuela Mexicana? La pregunta no es ociosa, al contrario, permite poner en perspectiva la complejidad que representa la pandemia para el sistema educativo nacional. 

Así pues, partamos de la base a través de la siguiente interrogante: ¿en qué se fundamenta la Nueva Escuela Mexicana? Para responder a la interrogante, permítanme dar un breve rodeo: para comprender la política educativa del gobierno de López Obrador, hay que abordarla desde la política social, debido a que la política educativa es una extensión de aquella y como tal, se ciñe a los principios que ahí se plantean. ¿Y cuáles son esos principios? Los que se establecen en el proyecto general de la 4T; esto es, el principio de Equidad, Justicia y Bienestar Social. 

Hago un alto para señalar lo siguiente: cuando apenas se estaba presentando el modelo de la Nueva Escuela Mexicana, un servidor escribió en este espacio que: “lo que se está planteando como la Nueva Escuela Mexicana se corresponde con la filosofía política y educativa planteada con la reforma al artículo 3 constitucional (…). Y, por tanto, en términos de visión educativa en la era de López Obrador la educación se concibe como una vía para sentar las bases para tener una sociedad más justa y equitativa. En ese sentido, hay congruencia en el planteamiento. Y lo que se está presentando no solamente perfila una visión del nuevo modelo educativo, sino a su vez, se le confiere un marco de identidad al sistema educativo nacional en su conjunto (…). Es algo que no hemos tenido en nuestro país en varias décadas”. (Educación Futura, 15 de julio del 2019). 

Visto en retrospectiva, sigo sosteniendo la primera parte del párrafo anterior, pero en la segunda parte se han tenido problemas. Más allá de hablar de una identidad del sistema educativo a través de la Nueva Escuela Mexicana, lo que ha ocurrido es que el concepto no se ha cimentado entre la base docente. Incluso me atrevo a afirmar que hasta se ha diluido en el imaginario colectivo de los maestros debido, en parte, a dos factores: a) La exigua socialización del modelo entre la base magisterial; y b) El bajo perfil que ha manejado el Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, tras la aprobación de la reforma educativa y las respectivas leyes secundarias. De ese tiempo a la fecha, cada vez se ha hablado menos de la Nueva Escuela Mexicana. Y, por tanto, hablar -a estas alturas- de la configuración de una identidad de la educación mexicana a través de este modelo educativo suena desproporcionado. 

No obstante, la Nueva Escuela Mexicana tiene vigentes sus principios sociales; esto es, los principios de Equidad, Justicia y Bienestar. Y esta parte es fundamental, porque si algo ha dejado al descubierto esta pandemia en el sistema educativo nacional, es precisamente las graves condiciones de inequidad en que miles de alumnos están inmersos. Inequidad ya no sólo referente a los aprendizajes, sino sobre todo en términos de infraestructura educativa -y dentro de ésta, fundamentalmente la infraestructura tecnológica-. Así, si algo va a requerir el sistema educativo nacional, es precisamente que se profundice en esos principios que se declararon con la Nueva Escuela Mexicana. ¿En qué aspectos? Fundamentalmente en tres: 1) En el fortalecimiento de la infraestructura educativa; 2) En hacer efectivo el derecho a la educación; y 3) En la capacitación docente en cuanto a las competencias digitales. Los tres aspectos fueron declarados como esenciales con la reforma educativa del 2019. Y con esta pandemia, es imperativo profundizar la tarea del gobierno federal esos tres rubros. 

En el caso de la infraestructura educativa, el presidente López Obrador desapareció el Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa. Y en su defecto, ahora está suministrando los recursos financieros directamente a los padres de familia. Habrá que ver la factibilidad de esa medida ante la situación en que se ubican ahora las escuelas en términos de infraestructura tecnológica. 

Por el lado del derecho a la educación, la situación de igual forma es compleja: si antes de esta pandemia, era difícil aspirar a garantizar la educación al cien por ciento de la población en edad escolar -en educación básica (secundaria), media superior y superior- por la falta de infraestructura, ahora se vuelve más complejo todavía si se tiene en cuenta el escenario de migración que se va a generar desde el sistema privado al sistema público. 

Y en cuanto a la capacitación docente, es una demanda imperativa. Esta epidemia dejó al descubierto el déficit de los docentes en cuanto a las competencias digitales. Es un déficit que se viene arrastrando desde hace más de dos décadas y ahora nos explotó en las manos. 

Así, ante la interrogante que da titulo a este artículo, la respuesta es SÍ, si se entiende ese como una oportunidad para profundizar lo que en su momento se declaro con la reforma al artículo 3 constitucional en el 2019. La situación obliga, y el gobierno federal debe de ubicar a la agenda educativa en primerísimo lugar de la política social. 

Y para ello, el Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, debe asumir el liderazgo que se le observó en los tiempos de la discusión y aprobación de la reforma educativa. Un bajo perfil no es lo más recomendable en esta compleja coyuntura.  

A manera de colofón: La semana pasada publicamos en este espacio que el actual ciclo escolar debía culminarse a través de la educación a distancia y no por medio de las clases presenciales, debido a que no hay condiciones para reiniciar las clases. Dos días después de que se publicó el texto, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, se pronunció en ese sentido. Y de ahí en adelante, han hecho lo mismo otros gobernadores. Por su parte, el Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán ha declarado que el regreso a clases se dará hasta que haya condiciones. Por nuestra parte, seguimos sosteniendo lo que escribimos la semana pasada: la atención debe enfocarse hacia el próximo ciclo escolar, porque de aquí hasta esa fecha, el tiempo que se pierda va a ser determinante. 

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