Esta es la cuarta entrega que comparto sobre el Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la educación básica que, como sabemos, hoy día se “discute” en diversas “Asambleas” a lo largo y ancho del país. Como parece obvio, le han antecedido a éste tres artículos que usted puede encontrar en la red o en los enlaces que abajo le comparto. Sus títulos “Plan de estudios 2022: primeras impresiones”, “Plan de estudios 2022 de educación básica: fundamentos, diálogos y consignas colectivas” y “Plan de estudios 2022: los contenidos y su abordaje en las aulas” dan cuenta de un análisis sobre los documentos que, partir del 29 de enero comenzaron a circular por las redes sociales y que, hasta el 30 de ese mismo mes, tuvieron un carácter oficial mediante una invitación emitida por la Secretaría de Educación Pública (SEP) dirigida a diversos actores involucrados con la educación básica para que participaran en dichas asambleas a partir del 31 (de ese mismo mes).
Durante los Foros de Consulta que en 2018 se celebraron en nuestro país con la intención de lograr un “gran” Acuerdo Educativo Nacional, Ángel Díaz Barriga, en su intervención en el Centro Cultural Universitario del estado de Tlaxcala, expresó: “…antes de incorporar una idea brillante, pensemos si podemos cubrir todos sus blancos, no solo es cuestión de programas, contenidos o directrices, también es cuestiones de condiciones para que los involucrados puedan enfrenarlas… el trabajo docente es muy noble, siempre los docentes estamos dispuestos a colaborar, no nos minimizan los retos, apreciamos nuestro trabajo y hacemos de nuestra actividad un modo de vida” (UAT, 2018).
Berger y Luckmann (1991) aseguraban que la sociedad es un producto humano y una realidad objetiva; por tanto, el hombre como producto social produce esa realidad y, en consecuencia, se produce a sí mismo a partir del empleo de un aparato conversacional que le permite conocer las objetivaciones indispensables que el mundo socialmente construido le presenta, pero también, de disponer un lenguaje dentro del cual dichas objetivaciones adquieren sentido y significado, sencillamente porque los todos los hombres han aprendido de los otros, y éstos de aquellos, en una relación cara a cara que genera un acopio importante de conocimientos que, dicho sea de paso, construye una estructura social que favorece la obtención de un conocimiento.
Después de tres años de que el presidente López Obrador, y su gobierno, entrara en funciones, hace un par de días se llegó a “conocer” – de manera extraoficial a través de diversos usuarios y cuentas de Facebook y Twitter – el “Marco curricular y Plan de estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana”. Todo parece indicar que tales documentos sí gozan de una “oficialidad” y que la extra “oficialidad” señalada no lo era tanto puesto que, la propia Secretaría de Educación Pública (SEP), el 29 de enero difundió un boletín mediante el cual informó que la profesora Delfina Gómez, en reunión plenaria con el grupo parlamentario Morena, había expresado: que una de las acciones estratégicas de la Dependencia para el 2022, sería el compartir los nuevos planes y programas de estudio con las autoridades educativas locales, para su análisis y discusión, a fin de iniciar un proceso de capacitación docente en los nuevos contenidos y temas de estudio para el próximo ciclo lectivo (SEP, 2022). Dicho de otra forma, el plan de estudios ya está y se sometería a “revisión, análisis y consulta” de las autoridades educativas locales y de las maestras y maestros. Entonces ¿derivado de ese análisis y discusión, realmente se podrán realizar los ajustes que se consideren pertinentes o, como fue en los foros de consulta de 2018, se simulará un proceso de consulta para legitimar lo ya establecido? Al tiempo.
Bajo el viejo y arcaico discurso que emula las “conquistas” como un logro sindical o seccional, ha intentado demostrar que todos los “beneficios” de los que goza el magisterio han sido producto de las “intensas” luchas que han sostenido con distintos gobiernos, federales y estatales, y no de una serie de derechos que los trabajadores tienen y que están plasmados en la Ley Federal del Trabajo. Vaya, si de luchas se tratara, sería obvio que, a través de éstas, se conseguiría un aumento salarial que realmente significara un beneficio inmediato en los bolsillos de los trabajadores de la educación y no lo contrario pues, derivado de los paupérrimos incrementos que ha “negociado” con las élites del poder, de 2013 a la fecha, dicho aumento ha ido en declive: 3.9%, 3.5%, 3.4%, 3.15%, 3.8%, 3.4%, 3.3%, 3.4% y 3.4%. Entonces, ¿qué será aquello lo por lo que ha luchado? Porque en los hechos, estos aumentos salariales son insignificantes dada la inflación que se ha tenido en los últimos años.
“No se puede mentir impunemente”, fue la frase que utilizó el presidente de la República Mexicana, Andrés Manuel López Obrador, al inaugurar la sección Quién es quién en las mentiras (Flores, 2022) en sus acostumbradas y repetidas conferencias de prensa: “las mañaneras”. Según el mandatario nacional, esta sección se pondría en marcha con el propósito de señalar o exhibir noticias falsas que se difunden en los medios de comunicación convencionales y redes sociales. Un ejercicio que si usted gusta es, por así decirlo, inédito en nuestro país pues, hasta donde mi memoria lo permite, no tiene registro del pasado inmediato.
Imagine usted a un estudiante que, durante cuatro años de su vida, cursó sus estudios profesionales en alguna de las instituciones formadoras de docentes del país. Pensemos, de manera particular, en los estudiantes normalistas quienes, por elección personal o por aquellas circunstancias por las que cualquier ser humano atraviesa en su constante andar, ingresó a alguna de las escuelas normales que se encuentran ubicadas en las diferentes entidades de la República Mexicana.
Sin modificar la Ley General para el Sistema de la Carrera de las Maestras y Maestros (LGSCMM) aprobada en 2019, la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros (USICAMM) emitió hace unos días, el Acuerdo que contiene las disposiciones, criterios e indicadores para la realización del proceso de admisión en educación básica, Ciclo escolar 2022-2023. Con ello, una vez más, esta Órgano Administrativo Desconcentrado, incumple con lo estipulado en la misma ley y, por tanto, viola los preceptos normativos que, curiosamente, exige que los participantes en los distintos procesos que tiene a su cargo cumplan a cabalidad. Un claro ejemplo de esto, lo expongo brevemente para, después, adentrarme en aquellos aspectos que llamaron mi atención luego de haber realizado un análisis de este documento sobre dos o tres cuestiones porque, es claro, seguimos con la misma inoperancia, ineficiencia, ineficacia o, tal vez, peor. Me explico.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.