Nuevamente el tema de las escuelas normales salió a relucir en días pasados, tal pareciera que la visita del Presidente de los Estados Unidos de América a Cuba, propició que varios funcionarios de nuestro país, lanzaran campanas al vuelo y vieran en todo ello, la posibilidad de proyectar una serie de buenas intenciones para mejorar lo que, desde su perspectiva, debe mejorarse.
Recuerdo que en los festejos de los setenta años de la fundación del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), un grupo de jóvenes maestros adheridos a dicho Sindicato, me invitaron para que diera una charla sobre el Sindicalismo en México y Tlaxcala; invitación que desde luego acepté con mucho gusto dados los estudios que he realizado sobre este tema, así como también, por el entusiasmo que percibí en cada uno de los profesores, cuyas ansias por conocer un poco sobre la historia de esta institución, me convencieron.
Recuerdo que el Plan de Estudios de la Licenciatura en Educación Preescolar 1999, consideraba dentro de su curricula una asignatura que llevaba por nombre “Gestión Escolar”; dentro de los contenidos que ahí se abordaban, uno de ellos versaba sobre el liderazgo del personal directivo en la educación básica y las funciones que éste desempeñaba en cada uno de los centros escolares para que se lograran los objetivos educacionales, contenidos que desde luego, generaban intensos debates entre mis estudiantes.
Hace unos meses cuando el Secretario de Educación, Aurelio Nuño, lanzó el Programa “La Escuela al Centro”, hizo referencia a un aspecto que no se ha atendido como debiera y que hoy, bajo las condiciones de salud que presenta buena parte de la población mexicana, se hace necesario implementar en todas y cada una de las escuelas; me refiero a la educación física entendida ésta como una forma de intervención pedagógica que permite el desarrollo de las facultades del ser humano. Hago de manera inicial esta distinción, para no entrar un amplio debate conceptual con relación a considerar a dicha educación como disciplina o ciencia.
La idea sobre las “escuelas tipo bunker”, ha sido un concepto que he empleado para explicar uno de los tantos fenómenos educativos que a diario acontecen en un Sistema como el nuestro. Si bien es cierto que no hay mucha literatura al respecto y la existente refiere al ámbito militar, también es cierto, que es válida la analogía dada la historia por la que han transitado las escuelas de los distintos niveles educativos en México.
Hace unos días la organización Mexicanos Primero, dio a conocer su Reporte sobre la Formación Docente y Continua de los Maestros en México; documento que vale la pena analizar desde la realidad que el docente vive a diario en las escuelas y en los salones de clase, sean éstas de nivel básico, medio superior y superior de nuestro país. Y digo que vale la pena revisar, porque tal parece que cuando se presentan y/o difunden este tipo de análisis, seamos o no una organización, pensamos que poseemos una verdad, absoluta, que debe ser tomada en cuenta para que algo cambie, pero esto… no es del todo cierto. Vemos por qué lo afirmo.
En alguna de las visitas que regularmente realizaba a los jardines de niños para supervisar y asesorar el trabajo de las estudiantes normalistas que se encontraban estudiando la Licenciatura en Educación Preescolar, tuve la fortuna de conversar con alguna de las educadoras que conformaban la planta docente de esa institución educativa. Una maestra que, independientemente de sus años de servicio, dominaba perfectamente varios aspectos relacionados con el proceso de enseñanza y aprendizaje.
Hace unos años circuló en las redes sociales un video que, de manera personal, llamó mi atención. Claro, como docente frente a grupo, de alguna forma estaba preocupado y ocupado con la tan anunciada reforma educativa que el Presidente de la República, a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP) a cargo de Emilio Chuayffet, echaría a andar desde los primeros días de su gobierno.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.