El mes pasado se publicó la edición 2016 del Panorama de la Educación: Indicadores de la OCDE. Esta publicación constituye la fuente más completa y actualizada de indicadores educativos comparables internacionalmente para los países de la OCDE y algunos países asociados.
El cielo en Oaxaca es un cielo muy particular. Sus colores y sus texturas son de una belleza mágica. Pero, lo que a mí más me impresiona y me conmueve de ese cielo oaxaqueño es que parece estar más cerca que otros cielos. No lo digo como metáfora. Lo digo porque, en verdad, al mirarlo, tengo la sensación física, óptica, palpable de que no está tan lejos como otros; de que es un cielo situado casi al alcance de la mano.
La otra noche, en una reunión con amigos, acabamos hablando de Trump. Sí, ya sé, podríamos hablar de cosas más divertidas y amables, pero, claramente, todos traemos atorado el tema entre el estómago y la cabeza.
Este lunes 19 de septiembre reiniciaron clases en Chiapas. Se trata de una buena noticia. Especialmente para los cerca de un millón 777 mil alumnos de educación básica, quienes, finalmente, pudieron regresar a clases tras el paro impuesto por la CNTE desde el 15 de mayo.
Hace unos días compartía con una colega extraordinaria que a unos familiares míos en Washington DC se les había perdido su perro y habían logrado encontrarlo el mismo día. Ello había sido posible, le comentaba, gracias a sistemas de información públicos, funcionales y accesibles para todos, y a una red de refugios para perros perdidos súper eficiente. En suma, a una colectividad fuerte que funciona para todos.
En días pasados, se reportó en medios de comunicación nacionales que un padre de familia –Teódulo Pavía– de la comunidad de La Luz Tenexcalco, municipio de San Miguel Ahuehuetitlán, en la Mixteca oaxaqueña, había perdido la vida por exigir la apertura de la escuela de su hijo.
Este lunes dio inicio un nuevo ciclo escolar. Para muchos alumnos mexicanos, fue el regreso a la escuela; para algunos, primer día de clases en su vida, y, para otros más: la puerta de su escuela cerrada, otra vez.
En relación al uso de la fuerza coactiva del Estado, México se ubica en una situación en extremo compleja y precaria. De hecho y en muchos casos, en una situación en la que, con recurrencia excesiva, el gobierno (y la sociedad entera de corbata) termina atrapado en callejones sin salida.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.