Las acciones de la cuarta transformación están sacando a flote la pregunta sobre los fines y la justificación del Estado como entidad jurídica, en particular sobre su función como garante de los derechos humanos. Algunos analistas han señalado el modo personal de gobernar del presidente López Obrador, entre cuyos rasgos está el de contener cierto grado de desconfianza de las instituciones y, en contraposición, confiar en forma quizá desmedida en los efectos transformadores de su propia acción personal.
Tal como estaba el curso de la campaña electoral por la presidencia y, de acuerdo con las previsiones de sus resultados, la promesa de cancelar la reforma educativa fue un acto innecesario. Quizá un exceso de esos que se derivan del presidencialismo; adelantado, en este caso. Desde entonces, no había manera de hacer encajar ese acto, y que cobrara sentido, en la visión publicitaria de la cuarta transformación.
Por décadas en nuestras vidas, tantas según nuestras edades, los mexicanos hemos escuchado cómo se habla de la corrupción en tanto problema de la política, del gobierno y de la vida social. Por la falta de transparencia y de libertad de expresión que hubo en los decenios de la hegemonía de los gobiernos de la Revolución/del partido hegemónico, en realidad no sabemos a qué niveles llegó, aunque se sabía que era un componente sustantivo del funcionamiento del sistema polí
La declaración de que “no quedará ni una coma de la reforma educativa”, hecha por el coordinador de los Diputados de Morena, Mario Delgado, no favorece un ambiente de análisis, de reflexión o de consulta sobre la educación que está operando un proceso de reforma. Por el contrario parece una amenaza, una decisión tomada que sólo estaría a la espera de su sanción en la Cámara de Diputados. Es la expresión de una política de tierra quemada que de nada ayuda al proceso de mejoramiento de la educación si, como también afirmó el Sr. Delgado, “se está trabajando en los foros para construir una verdadera reforma, de la mano de los maestros y los padres” (Reforma, 13 de septiembre de 2018, p. 12). ¿Cómo se puede trabajar para una verdadera reforma en tal contexto?, ¿Qué es lo que la hará verdadera?
Con los resultados del proceso electoral del 1 de julio pasado, algunos grupos sociales y del magisterio ven –desean- las horas contadas para la reforma educativa. Pero otros grupos sociales y magisteriales también desean que la reforma educativa se consolide mejorando sus procesos y sus metodologías en cada uno de los ámbitos que la constituyen. La reforma educativa, nacida entre otras fuentes del Pacto por México, es ahora un complejo campo de acción gubernamental y social.
A lo largo de la campaña electoral, un proceso de confrontación política de diversos grupos sociales y sus proyectos que tiene tintes de combate -a las oficinas de coordinación de los partidos políticos se les llama en no pocas ocasiones cuartos de guerra-, a la educación no le ha ido bien del todo. La parte en que le ha ido bien puede observarse en dos expresiones: una, es la que consiste en que la gran mayoría de maestras, maestros y directivos han continuado realizando sus labores y culminarán el ciclo escolar de modo regular. Suele recocerse que la principal función del Estado es garantizar la seguridad de los ciudadanos, pero eso nunca debe separarse de la responsabilidad de dar sostén pleno a la acción educativa.
Una de las preocupaciones que acompañan al proceso electoral es la de si tendrá continuidad la reforma de la educación. Entre las alternativas que se plantean está la de una continuidad en los elementos básicos que la fundamentan y sostienen como proceso, complementado eso con los ajustes necesarios en los elementos susceptibles de mejoramiento, pero teniendo siempre como objetivo el de garantizar el derecho a la educación. A este fin deben subordinarse las decisiones.
En las entregas anteriores, al exponer el significado de la calidad de la educación como una cualidad de la formación humana que se logra en una relación específica del aprendizaje y de la equidad (CE = ae), se han expresado algunas reflexiones concernientes al porqué de esta forma de presencia de la equidad en la ecuación. Dada la importancia de este valor, ahora un principio constitucional de la educación por la reforma constitucional de 2013, esta entrega se concentra en la pregunta ¿por qué la equidad se establece con esa relación para exponer la naturaleza de la calidad de la educación? En otra forma, si la educación es un bien necesario pero desigual en su disposición, a causa de las desigualdades existentes en la vida social, económica y política; si evaluar la educación es una acción necesaria para saber acerca de la realización de ese bien sustantivo de un derecho reconocido, ¿por qué la equidad puede mostrarse como un factor que multiplica al aprendizaje?
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.