La semana pasada comenté la nota que el Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) presentó sobre México en el tema de equidad. Recapitulando: la evidencia en la encuesta representativa del país sobre desempeño en comunicación, matemáticas y ciencias, muestra que los estudiantes de 15 años cumplidos que provienen de familias pobres en México son una amplia mayoría de población y que hacen su experiencia en escuelas en donde la desventaja es la norma entre sus compañeros (escuelas pobres para pobres).
Esta semana, el Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) presentó un estudio que entra a detalle en los datos de resultados y contexto de los estudiantes, pero con el enfoque “Equidad en la educación: superar las barreras a la movilidad social”, como llamaron al reporte. En esta colaboración comentaré la nota que sobre México presentó PISA.
Si queremos un sistema escolar que sirva a la justicia y prosperidad de la nación, si queremos de verdad que origen no sea destino, que la pobreza no se transmita intergeneracionalmente y que las escuelas no sean el reflejo de las limitaciones del entorno, sino la expresión más clara de sus aspiraciones y sus sueños, tenemos entonces que trabajar con la continuidad entre la educación inicial y la educación obligatoria.
La división de poderes en el gobierno, fruto maduro de la Ilustración y aspiración de las nuevas repúblicas nacidas en el siglo XIX, contempló la importancia de evitar la concentración de decisiones en un solo ámbito, para así mejor servir a la soberanía del pueblo.
Además de los debates nacionales –inevitables, necesarios, saludables si los aprovechamos–, en Mexicanos Primero estamos convencidos que la transformación educativa en los próximos años debe pasar por lo local. Si algo confirma el proceso de 2013-2018 es que no bastan leyes e instituciones nacionales para variar el rumbo del derecho a aprender; necesarias, sí... suficientes, no. Por ello, tampoco su “cancelabrogación” o el nuevo feliz término que los congresistas usen en las próximas semanas va a cambiar de golpe lo que pasa en el aula.
Comienzo por una propuesta: a partir de ahora, cada vez que alguien diga públicamente "reforma educativa", deberá depositar 500 pesos en una cuenta para alguna comunidad escolar. Si se va a usar en vano la expresión con tanta frecuencia, al menos que se traduzca en un pequeño fondo para atender necesidades apremiantes.
Antes de pensar en proponer su eliminación de raíz, se deben analizar las fortalezas del nuevo modelo educativo, tales como su foco claro en el aprendizaje para toda la vida, la concepción del docente como un profesional del aprendizaje en permanente formación, que va verificando y alcanzando nuevas alturas en su comprensión y en la activación del aprendizaje en sus alumnos.
No hay reforma sin reformadores. No se aprende sin grandes aprendices. Si algo queda clarísimo en estos últimos años de avances y de conflictos en la política educativa en México, es que los planes y programas, e incluso la ley y toda la normativa derivada, no alcanzan para hacer realidad la educación de calidad con equidad a la que los mexicanos aspiramos.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.