En esta semana, tres eventos me hicieron reflexionar sobre el vínculo entre generar leyes y propiciar el aprendizaje. Uno fue la iniciativa de ley, presentada este 4 de septiembre por Morena en el Senado; otra fue una conversación en un taller de autonomía curricular, con los profesores de una escuela primaria; la última fue un intercambio con un experto internacional, en visita de investigación en México.
Con este hashtag, más de 500 organizaciones de toda la República hemos llegado a un acuerdo sustantivo: hacer una permanente suma de esfuerzos para poner en el centro de las políticas públicas el desarrollo de niñas, niños, adolescentes y jóvenes (NNAJ).
Este ciclo escolar es especial, porque comienza la implementación de los planes y programas, con sus retos y novedades. Tiene además la peculiaridad de que, literalmente, arranca en un sexenio y acabará en otro. Por eso, hay que subrayar: ¿Y los niños? ¿Qué les pasa a ellas y ellos en la realidad?
La etapa actual de la discusión educativa sigue tocada de la vorágine político-partidista, aunque ya se va asentando de apoco. Está por verse cómo los distintos actores institucionales retoman su papel y responsabilidades; una gran prueba de fuego viene en pocos meses, pues las evaluaciones de desempeño deben realizarse según lo previsto, y ni la SEP, ni el INEE ni las autoridades educativas estatales desconocen que violarían la ley si las evitan o posponen.
Pensar que hay una distinción tajante entre el aprendizaje en casa y el aprendizaje en la escuela es un error, porque en realidad se conectan. Una visión que empobrece es asumir que toda la dimensión formativa, y más la que tiene que ver específicamente con el discernimiento ético, los afectos y la madurez socioemocional, sólo corresponde a la casa. Y que sólo a la escuela le corresponde la instrucción técnica y el contacto con la realidad circundante, lo natural y lo social, tampoco es aceptable.
La educación es un gran remedio para el prejuicio, pero es ella misma objeto de ideas sin suficiente fundamento. Un prejuicio grande y arraigado es que aprendizaje y escolaridad son una y la misma cosa. No es así; ni todo paso y momento de la escuela es (verdaderamente) aprendizaje, ni tampoco el aprendizaje se confina únicamente a los tiempos y espacios del aula formal.
Es contradictorio suponer, sin ninguna verificación basada en evidencia, que el personal de los servicios mencionados –de formación dispareja y frecuentemente sin ninguna dinámica de aprendizaje profesional (Mateo, Rodríguez y Grafe, 2014)– puedan propiciar los hitos de desarrollo deseable y oportuno en niñas y niños, tal como por su parte se exige a los docentes idóneos de preescolar, agentes que son regulados con parámetros derivados de la Ley General del Servicio Profesional Docente.
Cada vez es más apremiante ofrecer alternativas a los jóvenes, cuando se encuentran con importantes barreras para seguir estudiando o para trabajar. Uno de los programas del equipo de López Obrador que más han llamado la atención y más fácilmente suma voluntades es el que se refiere a la incorporación de los jóvenes a un sistema de apoyo con el concurso de las empresas, como aterrizaje del número 39 de los lineamientos del Proyecto de Nación 2018-2024: “los jóvenes tendrán garantizado el derecho al estudio y al trabajo”.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.