La educación mexicana apenas empieza a recuperarse de los problemas ocasionados por el COVID-19, cuando está a punto de enfrentar una nueva crisis que ocasionará la Nueva Escuela Mexicana (NEM). Es decir, sale de una crisis involuntaria (la pandémica) para entrar a otra intencional (la política). Sobre ambas crisis se ha hablado mucho, pero poco se ha dicho sobre su interacción e impacto que tendrán en un futuro.
El tema de los planes y programas de estudio y los libros de texto han sido objeto de conversación nacional. Parte de la crítica que se hace a la Nueva Escuela Mexicana (NEM) tiene que ver con dos grandes líneas de argumentación, bastante confusas: la ideológica y la pedagógica.
El lanzamiento del programa ChatGPT (Chat Generative Pre-trained Transformer) ha causado un gran asombro mundialmente. “Chat” se refiere al diseño para interactuar con los usuarios a través de conversaciones en línea. “Pre-trained” significa que el sistema se entrenó previamente con una gran cantidad de datos para comprender el lenguaje natural y responder coherentemente.
La falta de planeación, la improvisación y la ocurrencia son prácticas comunes en la definición de políticas públicas de los países subdesarrollados que, usualmente, son de corto plazo; en el caso de México, seis años. A esto se le suma la práctica despótica de nombrar a familiares o amigos a cargo de las instituciones del gobierno, quienes carecen de la formación y la experiencia necesarias para conducirlas eficazmente. Otra característica de este grupo de países es que sus gobernantes culpan a gobiernos pasados de todos los males presentes, por lo que se ocupan de eliminar los programas e instituciones de administraciones anteriores para sustituirlos por nuevos proyectos que lleven su sello.
Una meta clave de cualquier gobierno, como el cuatroteísta, es llegar a tener control del máximo número de instituciones del Estado mexicano y espacios políticos, lo cual le permite consolidar su proyecto político y que éste permanezca el mayor tiempo posible.
Recientemente, Felipe Martínez Rizo, exrector de la Universidad Autónoma de Aguascalientes y fundador y exdirector general del Instituto Nacional para la Evaluación, publicó un libro con el título de esta columna. Con una perspectiva histórica, el autor, "…busca dar elementos para llegar a juicios objetivos y matizados sobre la educación mexicana, mostrando la evolución de las escuelas, los docentes y las instituciones en que se preparan estos últimos…". En el libro se abordan los siguiente cinco apartados.
En mi artículo anterior, argumentaba la necesidad de implementar una educación que fortalezca la democracia en nuestro país, y no una que la debilite, como parece ser el caso de la Nueva Escuela Mexicana, que sugiere a los maestros desarrollar una conciencia crítica a través de las lecturas de Marx y Lenin (entre otros pensadores de la Izquierda radical). También comenté que la democracia se construye a través de una educación que fomente la libertad de pensamiento y los valores de diálogo y tolerancia.
Se acaban dar a conocer los planes de estudios de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), con lo que inicia el proyecto educativo del gobierno de AMLO de transformar la educación básica, para que deje de ser un proyecto “neoliberal y colonialista” y centre su atención en las necesidades y visión de las comunidades más vulnerables del país. Esta reforma educativa (la tercera, en los últimos años) ha sido objeto de muchas críticas, publicadas en distintos medios de comunicación y redes sociales; también ha sido objeto de halagos por parte de autoridades gubernamentales. Una característica de esta propuesta es su intención de dar un giro de 180 grados al modelo educativo actual, tanto en lo ideológico como en lo pedagógico. La narrativa del modelo es compleja y confusa, y deja muchas dudas a quienes la hemos leído, por lo que me propongo explicar el ABC de esta reforma, sin pretender ser exhaustivo.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.