La marca distintiva de la nueva política educativa será la búsqueda simultánea de la calidad y la equidad. México no podrá jamás alcanzar la calidad sin combatir eficazmente la inequidad. Esto implica actuar, no para dar lo mismo a todos los alumnos y las escuelas —asumiendo erróneamente que todos tienen necesidades similares— sino otorgar prioridad en los apoyos a los alumnos y a las escuelas más rezagados.
La educación debe actuar para construir la cohesión y el bienestar del país. Claro, todo dentro de la democracia y sin perder de vista que la organización que México se ha dado a sí mismo es la de una nación. El concepto de México como nación debe ser el punto de partida para pensar la educación.
La violencia social incumbe a la educación. La ola de actos violentos que sacude a México revela en general el fracaso de las instituciones públicas, pero pone en evidencia asimismo fallas en la educación de niños y jóvenes. La familia y la escuela no han sabido edificar una cultura de la paz y de los derechos humanos.
La escuela nació como una institución única, pero se instaló en una sociedad desigual. Cuando los niños, que provienen de estratos sociales desiguales, con culturas distintas, se enfrentan a ella, el resultado es conocido: unos niños transitan fácilmente por sus aulas y otros encuentran dificultades.
Las diferencias de opinión no deben ser obstáculo para unirnos en apoyo al nuevo proyecto educativo nacional. Lo importante es que los nuevos esfuerzos en esta materia se nutran de la experiencia anterior, que no se repitan los errores del pasado y, que se apunte hacia metas de desarrollo más ambiciosas. En las líneas que siguen destaco algunos temas críticos de la educación mexicana actual.
La puesta en práctica de la evaluación de desempeño con impacto sobre la permanencia tiene una historia plagada de circunstancias excepcionales que determinaron, en gran parte, su impopularidad. Tuvieron un efecto crucial los problemas que para su implementación se presentaron en 2015, en momentos donde privaba una agitación sin precedente en el magisterio y la campaña contra la evaluación alcanzaba su apogeo.
Pocos maestros advierten que, en el presente, la principal trinchera de lucha por la justicia social es el salón de clases donde enseñan: que unos alumnos aprendan y otros no lo hagan, es causa eficiente de inequidad en educación e inequidad social.
Con su actuación, día con día, los maestros construyen el México del futuro. Su trabajo, muchas veces heroico, se realiza en soledad y nunca recibe el reconocimiento que merece. El maestro actúa dentro de un sistema escolar de dimensiones gigantescas, desarrolla su labor en lugares remotos, lejos de la autoridad educativa, lejos del sindicato y lejos de la mirada pública.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.