Se dice que en política “lo que aparenta ser, es lo que es”, con independencia de lo que sucede. Podrá ser ley en ese campo, no lo sé, pero en educación no vale: ahí lo que pretende ser, sin ser, no es, aunque luzca. La forma, sin fondo, deforma a fondo.
Escenografía. Desde muy temprano en la vida, quien esto escribe supo de tal oficio en el teatro. Uno de nuestros mayores —en todos los sentidos de la palabra— lo ha ejercido a lo largo de sus años. Cuando ya tuvimos hijos, le pidieron a David que los llevara a una función para saber cómo era su trabajo. El puñado de niños y nosotros ocupamos casi toda la cuarta fila. Al terminar la obra, nos llevó al escenario para que vieran de cerca su quehacer. El más pequeño, desconcertado, dijo: oigan, no son libros de verdad. Tocaba los lomos de los aparentes volúmenes en la también falsa estantería del salón en el que transcurrió la última escena. Son de cartón duro, nada más están pintados. Parecían tan ciertos, remató. Con paciencia, le explicó al pequeño, y a todos, cómo se hacían esas piezas y los llevó a la parte posterior del proscenio donde estaban otros artilugios empleados esa noche. El caso es que parezcan ser lo que tus ojos miran, decía sonriendo, y veas una biblioteca, o una calle, según se necesite para que ocurra la historia. A eso me dedico.
El lunes 25 de enero, el secretario de Educación dio a conocer el Plan Escuela al Centro. Gran cobertura, en el contexto de la Confederación Nacional de Gobernadores (Conago) y la Biblioteca de la escuela Benito Juárez, ámbito excepcional por sus instalaciones, preparada, siempre, para la foto.
En educación, 2016 será intenso: la SEP anunció iniciativas que merecen atención de todos, especialmente del magisterio, el actor ausente, a tres años aún, del diseño y ejecución de los cambios. Han sido concebidos como materia inerte, y moldeable, sobre la que las autoridades experimentan sin evidencia que asegure la idoneidad educativa de sus acciones. No ha prevalecido la racionalidad técnica y sus tiempos de maduración, sino la premura derivada de un conjunto de leyes mal elaboradas.
¿Qué tiene que ver la película inglesa (2005), con base en una novela de John Le Carre, y la evaluación del desempeño docente que llevó a cabo la SEP en 2015 a más de cien mil docentes en el país? Salvando las enormes distancias, hay un hilo que las une.
Ligeros de equipaje, dice la nota, el 30 de octubre llegaron a la ciudad de México los niños cantores mixes, luego de un viaje de varias horas desde su comunidad, Tejas, ubicada en el municipio serrano de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca. No venían deoquis, hermoso mexicanismo que significa de balde o en vano. Nada de eso: su encomienda era cantar el Himno Nacional en la inauguración del Gran Premio de México de la Fórmula 1 que retornaba, luego de muchos años, a nuestro país.
La mirada severa. Tono de voz que procura firmeza en el mensaje monocorde: el que no se presente a la evaluación para la permanencia será separado del servicio. Es la ley. La reforma educativa no tiene vuelta atrás. Si no pasa el examen conservará el trabajo, no se preocupe. El asunto es que se apersone, en la sede que indica el oficio, a la hora debida. Lo que importa es que se ajuste a lo estipulado. Presentarse, obedecer, formarse en la fila, someterse: entrar a la maquinaria sin fin de la desconfianza para que demuestre, cada tanto, lo contrario. Sin un nivel adecuado a la primera, permanecerá en las aulas, pierda cuidado. Tendrá una marca en la frente nada más: “insuficiente”, que se borra a través de la capacitación que le daremos para que, a la que sigue, ya pase. O a la otra.
Ver para creer. Oír para comprobar que se puede desbaratar lo que no tiene repuesto: su credibilidad. Asombro entre los que escuchaban atentos. Por propia voz de quienes integran la Junta de Gobierno del INEE, fuimos enterados que la evaluación a la que fueron sometidos los y las profesoras para valorar su desempeño no cumplió cabalmente con los principios que deben ser cimiento de todo proceso de valoración de una tarea tan compleja. Esos rasgos los enunciaron previamente al relato de lo sucedido. Señalaron que debería ser formativa, y no punitiva, pero eso no es responsabilidad nuestra, sino de las autoridades.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.