¿Por qué las consultas para generar, enriquecer, corregir o refutar proyectos que buscan ampliar las oportunidades de aprendizaje en el país, suelen ser ejercicios fallidos? ¿Se hacen así, adrede, para hacer de cuenta que se escuchó al magisterio, e imponer, con cierta legitimidad, lo que el poder en turno considera correcto o conveniente? Se informa: “hubo tantos y cuantos foros, congresos, asambleas o algún término equivalente; llegaron 25 mil propuestas y ya se han procesado con un moderno programa de cómputo; fueron ponentes varios cientos o miles de personas”. Esta conjetura goza de cabal salud, y tiene asidero con base en la evidencia empírica de muchas iniciativas de este tipo durante décadas.
¿Qué se puede hacer, en materia educativa, si la reforma de El Pacto por México fracasó por emplear a la evaluación como instrumento para regular las condiciones laborales del magisterio, y la propuesta de la actual administración se centró en deshacer tal vínculo, lo cual fue acertado, pero quedó presa de esa lógica pragmática y no propuso un horizonte alternativo?
El ocho de marzo de 2020, en todo el mundo —y de manera extraordinaria en México— ocurrieron grandes movilizaciones por parte de las mujeres que exigían su derecho a una vida sin violencia, fuera de la constante del miedo cotidiano, y por la igualdad en las oportunidades de desarrollo de sus trayectorias. Coincidió su enorme marcha con la plenitud del florecimiento de las jacarandas en la Ciudad de México y el color de las pañoletas que portaban. Al día siguiente, vivimos el paro de sus labores y apreciamos la relevancia de su participación en la vida social.
Discrepo de la forma en que el presidente ha tocado el tema: las generalizaciones burdas, y sin conocimiento fundado, lo demuestran. A su vez, no coincido con quienes defienden un valor constitucional a preservar, sin duda, por el bien del país, cuando su discurso es semejante al que objetan: carente de crítica y generalizador a pasto. Suelen decir, por ejemplo, que, per se, asegura la participación cotidiana de todos los universitarios en las decisiones. ¿En serio?
A diferencia de las famosas frases que incluye Shakespeare en Ricardo III: ¡Un caballo! ¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo! antes de que el rey muriese en la batalla del 22 de agosto de 1495, en 2021 —526 años después— en nuestro país necesitamos con urgencia gritar: ¡Un matiz, al menos uno! en tratándose de la discusión sobre las universidades, su estatuto autonómico constitucional y las tendencias ideológicas predominantes a su interior.
Salgamos de la trampa. La discusión pública acerca de los diversos problemas que tenemos en el país no será útil sin eludir la estructura común de los intercambios. Es polar: o todo es de un modo, o se trata de todo lo contrario. Alguien dijo: “en las crisis, no hay matices”. Sostengo lo contrario: es justo en las crisis donde es crucial debatir sin caer en generalizaciones absolutas, so pena de perder la oportunidad de establecer una comunicación fértil. Aunque resulte incómoda para ambos bandos, pues lo que esperan es una definición por A o por B sin más argumento que la adhesión a secas —¿con melón o con sandía?— el esfuerzo por evitar juicios sumarios es imprescindible.
Infamias, vendetas revestidas de afán de justicia, desprecio a la actividad científica, pugnas, pareceres variopintos, declaraciones y posicionamientos diversos. Mucho ruido y falta de claridad. Confusión para el lego – que no desinteresado – y una serie de temas que no merecen abordarse desde la estridencia pues afectan aspectos medulares del país. Tengo claro, para mí, que:
Resultado de un largo proceso, enfatizado en la reforma educativa del Pacto por México, el deterioro de la imagen del magisterio ha sido incesante. Se le acusó de ser la causa (única o fundamental) de las fallas educativas en el país, y fue acosado a través del mal uso de la evaluación como instrumento de control laboral. Fue el eje, torcido, de la transformación educativa del “nuevo PRI”.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.