En México hay casi 4 millones de niñas, niños y jóvenes que no asisten a la escuela (UNICEF, 2016). Para Mexicanos Primero, como organización que trabaja por el derecho a aprender, es preocupante saber que todavía existen niñas y niños que no logran acceder a la escuela, deciden abandonarla o son excluidos del sistema.
“¿Por qué quieres ser maestro?”, me preguntó directamente aquel otoño de 2004 el maestro Francisco Javier Borges Rodríguez. Aún recuerdo el sonido del segundero del reloj de pared que tenía en su oficina, como indicio de que el tiempo no pasaría tan rápido.
El gasto es una de las principales herramientas que el Estado tiene para promover el derecho a aprender. A través del gasto se entienden las prioridades de las administraciones gubernamentales: a dónde se destina el recurso, quiénes reciben más dinero (quiénes menos), y quiénes tienen poder de decisión en el ejercicio del mismo. En México, la Educación Básica es el nivel educativo que más recurso recibe: casi 65% más del recurso destinado a Educación Media Superior y Educación Superior combinados (IV Informe de Gobierno, 2016). Más de 80% de este monto se dedica a servicios personales, es decir, sueldos, salarios y prestaciones de maestros, directivos y trabajadores de la educación. El resto se concentra en infraestructura, becas, gasto corriente, útiles y materiales escolares.
La semana pasada compartimos en este espacio el primer eje de acción de la propuesta de 124 organizaciones de la sociedad civil, incluida Mexicanos Primero, para lograr la Escuela Que Queremos. Este primer eje se refiere al respeto y promoción de las maestras y maestros de México. Hoy hablaré del segundo eje, aquel que propone la realización de un nuevo proyecto educativo de vanguardia.
La semana pasada, presentamos en este espacio una aspiración compartida por 124 organizaciones de sociedad civil: que todas las niñas, niños y jóvenes de México se encuentren y se desarrollen al máximo en una escuela que sea una comunidad de aprendizaje. Proponemos cuatro ejes de acción para poder construir juntos esta visión de escuela. Hoy me gustaría concentrarme en el primero de estos: respetar y promover a las maestras y maestros de México.
Como todo México, seguí con atención los trágicos acontecimientos en Nochixtlán, Oaxaca. Lamenté la agresión y el saqueo que desacreditan la legítima protesta; me indignó el abuso y la improvisación que deteriora la confianza ciudadana.
Hablar de formación docente nos remite inmediatamente al maestro frente a grupo y a las oportunidades de mejora en su profesión. A mediados del mes de abril, la Secretaría de Educación Pública (SEP) presentó la estrategia de apoyo para los profesores evaluados en su desempeño. Pero, ¿dónde quedaron los directores escolares?
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.