Históricamente sometidas al poder político bajo la hegemonía priísta, pareciera que con la 4T se busca ahora que las universidades pasen a estar subordinadas a la hegemonía morenista. Un absurdo y un salto atrás en la historia. Los políticos deberían entender que si se tratara de impulsar una postura progresista, las universidades deberían estar libres de cualquier hegemonía política para poder trabajar académicamente en libertad.
Las universidades son instituciones sociales frágiles, que requieren ser conservadas y protegidas para que puedan realizar sus funciones y desarrollar su vida institucional sin intervenciones, con libertad, con la fuerza que dan los argumentos y la crítica académica, con sus formas colegiadas para la gestión y el gobierno. Para poder consolidarse, necesitan de apoyos financieros y respeto a su vida interna, necesitan libertad para pensar y para poner cualquier idea en entredicho.
En el nuevo reglamento hay avances interesantes: se prevén nuevas medidas de apoyo para los investigadores mayores de 65 años, para los mayores de 80, para los investigadores eméritos. Se abre la posibilidad de pertenecer al SNI, aunque ya los profesores no tengan una relación contractual activa con sus instituciones. Se consideran casos de enfermedad, de conflictos y problemas familiares. En sentido contrario, no hay una sola mención a la formación de investigadores ni sobre la promoción de los investigadores noveles; esta sigue siendo una asignatura pendiente.
Como ha sucedido con otros instrumentos de la política pública hacia la educación superior, el gobierno de la 4T ha decidido desaparecer el PNPC sin tener un programa que lo sustituya. Mientras, de modo arbitrario, sin reglas claras, públicas y legítimas, el Conacyt continuará distribuyendo las becas de posgrado en las áreas y en los programas que considere prioritarios.
El violento atentado a la libertad de cátedra que ejerce el rector del Colver es un despropósito, que exhibe el tono y las formas de los intelectuales de la 4T. En el Colver es imprescindible la autonomía para que imperen la libertad de cátedra y la libertad de expresión, para que se pueda ejercer la crítica sin límite y para formar a los estudiantes en un clima de libertad ideológica. Si quiere fortalecer a las instituciones académicas, mal hace el gobierno de la 4T al decantarse por el oscurantismo, pues lo que necesitan es libertad.
En este tema, si realmente se proponen cumplir con lo establecido por la Ley, la ANUIES y las instituciones de educación superior deben estar dispuestas a una reforma radical para cambiar a profundidad. Es imprescindible dejar la simulación a un lado y decidirse a romper con el pacto patriarcal que sostiene el sistema de complicidades y las redes de protección (institucionales, sindicales y de otras corporaciones) para los profesores acosadores y violadores de los derechos humanos. Es indispensable desmontar los estereotipos raciales, de clase, de género que sostienen la lógica de la discriminación. Es imprescindible visibilizar, confrontar y dejar para siempre en nuestras prácticas, en el lenguaje y en nuestras conciencias los prejuicios que sostienen la dominación masculina.
A nivel universitario debemos romper con el utilitarismo, con las visiones económicas estrechas, dejar a un lado el hiperconsumo como modelo de vida y de prestigio para formar un nuevo tipo de ciudadano, un agente transformador de su sociedad, una persona con otros valores, comprometida en la lucha contra la crisis ambiental, y la pobreza y la desigualdad social.
La Declaración universitaria frente a la crisis climática que resultó de la 5ª Jornada de innovación en educación superior, realizada en Xalapa los días 24 y 25 de mayo es un planteamiento programático para el cambio institucional, para la reforma de las universidades y el sentido de su contribución frente a la crisis ambiental.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.