El asunto de la cantidad de niñas, niños, adolescentes y jóvenes que han debido abandonar sus estudios como consecuencia de la pandemia ocasionada por el Covid-19 y la cauda de problemas económicos y académicos que se desataron tras el confinamiento, ha estado presente desde hace prácticamente un año. Familias, escuelas, profesores, distintos niveles de gobierno y organismos de la sociedad se han preguntado acerca de la dimensión del abandono y sus consecuencias en la vida de los estudiantes.
La telesecundaria en el estado de Durango ha realizado una importante labor en materia de cobertura educativa en la región indígena; es un buen momento para asumir el reto de mejorar la calidad de los aprendizajes de los estudiantes de estas zonas, y para ello puede aprovechar tanto las experiencias previas como la teoría de registros de representación semiótica de Raymond Duval.
El pasado 11 de febrero, Gabriel Cámara rindió protesta como nuevo director general del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe). Este organismo descentralizado del gobierno federal es el encargado de ofrecer servicios educativos de los niveles inicial, preescolar, primaria y secundaria a los niños, niñas y adolescentes de las localidades rurales más pequeñas y dispersas del país. Precisamente el 11 de septiembre de este año, el Conafe celebrará 50 años de existencia.
El pasado 3 de marzo, en su Comunicado 199/2021 (Conacyt, 2021), los miembros de la Junta de Gobierno del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), integrada por su presidente, la directora general del Consejo, el secretario de salud, y otros representantes de secretarías de Estado y de organizaciones y asociaciones del sector, aprobaron por unanimidad de votos la reforma al Reglamento del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).
En México y el mundo estamos viviendo tiempos complejos. Desde lo sanitario hasta lo económico, pasando obviamente por lo educativo y lo científico. Entre la comunidad científica también se viven momentos difíciles, especialmente entre los investigadores que han construido una carrera generando conocimiento y formando estudiantes en alguna institución de educación superior con financiamiento privado. Nuevas disposiciones, aparentemente sustentadas en medidas de austeridad nacional, han puesto “contra las cuerdas” a los investigadores que no trabajan en instituciones públicas, lo que parece vaticinar tiempos difíciles para las personas, las instituciones y la ciencia en general.
Llevamos casi once meses en confinamiento. A mediados de marzo se cumplirá el año y no se ve que se vaya a terminar pronto ni en México, ni otras partes del mundo. Las afectaciones a la economía, la vida pública y comunitaria, la educación y, especialmente a la salud, han sido tremendas. En algún momento de 2020 se podía tener alguna conversación con vecinos, compañeros de trabajo o amigos, en la que uno no tuviera experiencias cercanas de contagios que lamentar o comentar. Eso ya no sucede ahora. Todos conocemos a alguien que ha padecido Covid-19, que ha pasado malos momentos o, lamentablemente, que ha fallecido por causa del famoso virus.
¿Qué cambios se configuraron en el sistema educativo con la pandemia del Covid 19, cuando la escuela se trasladó a la casa y los padres de familia apoyaron el rol de los docentes? ¿Cuáles fueron las estrategias que desarrollan los docentes para poder estar en comunicación con estudiantes y padres de familia que viven cierta precarización tanto en medios urbanos marginales, como en rurales e indígenas? O, planteada de otra manera, ¿por qué se hace necesario formar en los docentes rasgos que les permitan promover una mayor justicia social para poder desarrollarse en diferentes contextos y ante diversas necesidades y requerimientos?
A partir de la llegada de la pandemia por Covid-19 a México y el subsecuente cierre de las escuelas por el confinamiento sanitario, el sistema educativo del país se ha visto severamente afectado. Las manifestaciones y efectos han sido diferentes, de acuerdo con características tales como el nivel educativo (preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior); el tipo de sostenimiento (público y privado), y la ubicación territorial (urbana, rural, urbano-rural), entre otros. Sin embargo, en todos los niveles y modalidades se han hecho visibles las grandes desigualdades sociales y económicas entre los alumnos frente al acceso a los aprendizajes y a los recursos para enfrentar esta crisis.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.