La semana pasada sugerí que al haber ganado con un amplio margen la elección de rectoría, la doctora Teresa García Gasca, no sólo se reeligió de modo legítimo para un segundo periodo, sino que la comunidad universitaria mandó un claro mensaje: la intromisión de cualquier partido político o estructura ajena de poder no es bienvenida en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).
Aunado a la crisis educativa, sanitaria y económica, acentuadas por malas decisiones de política, hay otro problema con el gobierno de la Cuarta Transformación: su defectuosa comprensión de lo que significa ser individuo. En aras de combatir la corrupción –algo vital y necesario– y promover su particular proyecto político, representantes del actual gobierno federal han castigado a individuos de lo que ideológicamente juzgan inapropiado.
¿Cómo sabemos que una universidad mejora su desempeño institucional a lo largo del tiempo? Construyendo un sistema de evaluación e información pública que incluya al menos tres elementos.
¿Qué define a una universidad “de calidad”? ¿Quién determina el referente normativo de la calidad” dentro del Subsistema de Educación Superior de México? Es probable que estas preguntas vuelvan a plantearse al discutir la creación del nuevo Sistema de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Sevacres) de México.
Los orígenes de la evaluación de la calidad educativa, la certificación de profesionales y la acreditación de los programas de licenciatura y posgrado se remontan a ,por lo menos, 30 años. Motivados por la necesidad de crear referentes de desempeño distintos al prestigio heredado, autoridades universitarias, psicómetras, investigadores, y políticos se dieron a la tarea de construir metodologías para evaluar estudiantes, docentes, investigadores, programas e instituciones universitarias.
El 1 de septiembre, el titular del Poder Ejecutivo dirigió un mensaje con motivo del Segundo Informe de Gobierno. El rito tricolor nos ha enseñado que el mensaje presidencial es más de carácter político y que las minucias técnicas las hallaremos en el extenso documento que se publica luego del acto protocolario. Por ello, Andrés Manuel López Obrador no desperdició la oportunidad para mostrarse poderoso y recalcó, públicamente, que se había “cancelado la mal llamada reforma educativa”.
La política (policy) de salud pública posee elementos que la educativa podría incorporar para ser más efectiva. ¿Qué elementos? Primero, la formación de los médicos es rigurosa. Estudiar medicina exige un gran esfuerzo y dedicación en virtud de las capacidades que hay que desarrollar para salvar una vida. Además, se forman, una buena parte del tiempo, en los hospitales donde enfrentan problemas reales. Segundo: el diagnóstico, prevención y atención oportuna a los problemas de salud privilegia el uso de una base científica.
La Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) acaba de publicar el libro La Autonomía Universitaria en la coyuntura actual, donde se hace un repaso de esta capacidad para autogobernarse. Bajo la coordinación de Felipe Martínez Rizo, científicos, exrectores, juristas, exservidores públicos, académicas y académicos reflexionamos sobre la libertad de operar y desarrollar la universidad por nosotros mismos mediante el diálogo y la razón.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.