Estamos en la cuenta regresiva para el cambio de administración en el gobierno federal. En el campo educativo, esto significa que después de meses de incertidumbre, caracterizado por un discurso de “cancelación” de la “reforma educativa”, pronto tendremos más certeza. El equipo del nuevo presidente ha anunciado que se presentará una nueva propuesta educativa en la primera semana de diciembre.
Andrés Manuel López Obrador (AMLO) asumió formalmente la presidencia de México aunque de facto venía ejerciendo el poder. En la toma de protesta esbozó su proyecto de gobierno y reafirmó también las mismas promesas. En relación con el tema educativo, dijo poco, muy poco. Nada diferente de lo que se ha venido diciendo. Mi sorpresa fue la ausencia de cómo se pretende concretar el proyecto educativo, algo más concreto y no sólo buenas intenciones. Ha habido y hubo mucho ruido y pocas nueces según mi juicio.
Por el bien de todos se derrumbó la reforma educativa y ha concluido el sexenio federal PRI 2012-2018 que la promovió. Revisemos tres adjetivos que han usado dos altos funcionarios educativos en los últimos días, uno de la SEP y otro del INEE, en relación con el cambio de escenario derivado de las elecciones del primero de julio. Son ejemplo esos adjetivos de la visión maniquea con que ellos vieron el debate de la reforma educativa a lo largo del sexenio; son ejemplo de un discurso que se mantuvo hasta el final.
A menos de una semana de que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tome posesión como Presidente de nuestro país han ocurrido tres hechos relevantes para la educación en sí misma y que afectarán, de una manera u otra, a la política del próximo gobierno, a las políticas públicas en materia educativa y a la política educativa que defina la SEP. Estos hechos sucedieron en tres planos distintos: sindical, social y gubernamental.
Después de un largo periodo de transición, marcado por la incertidumbre, estamos a días de conocer el proyecto educativo de la nueva administración federal. Esto es, en muchos sentidos, el momento que hemos esperado.
En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari en materia educativa se ensayaron dos reformas paralelas: la político-administrativa y la educativa, esta última incluyó una reforma curricular. La reforma curricular fue impulsada por el entonces secretario de Educación, Manuel Bartlett, y su equipo proveniente de la Secretaria de Gobernación, con escaso conocimiento de la problemática educativa, donde privaron las opciones personales del secretario, combinadas con concesiones a las Subsecretarías de Educación Elemental y Media, de afiliación vanguardista. Se elaboraron dos propuestas de modelos educativos de origen distintos y, al final, la reforma fue legitimada con consultas, diagnósticos, documentos y negociaciones, para permitir a los grupos tradicionales influir en la política educativa: SEP, CONALTE y SNTE.
En un video distribuido el miércoles 22 de noviembre dijo la maestra Gordillo: “Para lograr nuevamente la unidad y la fortaleza necesarias le tomamos la palabra al presidente electo. Tenemos que construir nuevos liderazgos surgidos del voto libre, incluyente, secreto y universal, de todos y cada uno de los trabajadores de la educación (…)”. Y aquí viene el ‘aunque’ que comentamos: “Aunque mis derechos están siendo conculcados, por encima de mis intereses particulares, antepongo el interés general de todos y cada uno de los trabajadores de la educación. A ellos debo mi lucha (...)”. Al día siguiente, jueves 24, llegó el ‘también’ de Cepeda. Dijo: “Y también nosotros le tomaremos la palabra al futuro secretario de Educación”. Añadió que irá junto con el CEN del SNTE por aquello que nos quitó el PRI 2012-2018: el 50% de plazas vacantes, el escalafón, las comisiones sindicales seccionales, un símil de carrera magisterial, una mejor seguridad social. Sería un plan que compartirían ambos grupos más la CNTE.
Existen tres puntos ante la expectativa del nuevo gobierno que debemos tomar en cuenta, no a partir del próximo 1º de diciembre, sino a partir de ahora: una, las promesas de campaña, dos, la realidad y tres, la viabilidad de las nuevas acciones propuestas.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.