La primera vez que apareció el “Programa de descentralización de las dependencias federales” solamente logró levantar algunas cejas y mirarlo con cierto desdén. El programa formaba parte del apartado de infraestructura de ese voluminoso, apresurado y relativamente desordenado Proyecto de Nación 2018 -2024 de Morena. Era noviembre de 2017 y todavía quedaban muy lejanos los resultados de las elecciones federales.
En el primer tomo de sus Memorias, Jaime Torres Bodet (capítulo titulado Responsabilidad imprevista) narra que el 21 de diciembre de 1943 sonó el teléfono de su despacho para que el presidente Ávila Camacho le encomendara la titularidad de la SEP y, complementariamente, la fundación de SNTE.
Las reformas educativas implementadas en América Latina a finales del siglo pasado, generaron conflicto y tensión entre los involucrados, gobiernos, sindicatos, docentes y sociedad en general. México no fue la excepción, y en el 2012 con la implantación de la reforma educativa se generó incertidumbre en los actores educativos y un malestar social generalizado que hasta el momento no se ha podido subsanar. Ya con la reforma, la administración del gobierno federal visualizó la oportunidad de transformar e impulsar una educación de calidad, se esbozó un nuevo modelo educativo, que hasta el momento se piensa instaurar, y se creó la ley del servicio profesional docente así como el establecimiento de un sistema nacional de evaluación educativa validado por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) encargado de monitorear no solo los resultados en las evaluaciones realizadas a los alumnos, sino el desempeño de los docentes a través de un sistema de evaluación ya conocido.
Se estima que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) tiene aproximadamente 1,619,990 agremiados y está dividido en 61 secciones sindicales, con presencia en las 32 entidades federativas del país. La compleja estructura del SNTE lo posiciona como el sindicato más grande de América Latina, teniendo una influencia que se extiende por toda la geografía nacional y que sobrepasa los ámbitos meramente laborales. La participación política del sindicato ha sido constante desde su creación, pero no es sino hasta 2005, tras diferencias entre la entonces dirigente del SNTE y el Partido Revolucionario Institucional (PRI), al cual se adhería el sindicato, que surge “el partido de los maestros”: Nueva Alianza. No obstante que “el artículo 41 constitucional señala que queda prohibida la intervención de organizaciones gremiales o con objeto social diferente en la creación de partidos y cualquier forma de afiliación corporativa” (Hernández, 2011, p. 405), la injerencia de miembros de comités sindicales en las tareas partidistas turquesa es una realidad.
El terremoto del 1º de julio impactó de lleno al sector magisterial, precisamente uno de los elementos determinantes que provocaron y alentaron ese fenómeno, motivado por la expectativa de la cancelación de la Reforma Educativa, en estrecha concatenación al deseo de cobrar el trato recibido.
El tema de revertir o no la reforma educativa ya no debe estar en el debate. Revertirla de inmediato es un mandato popular incontrovertible, una especie de Brexit, como la decisión inglesa que sacó a la Gran Bretaña de la Unión Europea, pero aquí un Brexit mexicano para rechazar una reforma educativa que tanto agravió a los docentes bajo complicidad sindical. Se trata de implementar, como consecuencia de una votación popular ya consumada, una salida a la trampa que la reforma significó.
Hace unos días se llevaron a cabo en México, las elecciones para elegir al presidente de la nación, además de llevarse a cabo otros sufragios. La participación de la ciudadanía fue bastante activa, un aproximado del 70% de la población a nivel nacional, las razones pueden leerse desde diferentes aristas. Parece que lo más rescatable, fue la responsabilidad que asumió la ciudadanía al emitir su derecho al voto. En la elección, la ciudadanía, pudo captar, aparentemente, de manera clara, el respeto a su decisión. Más del 50% de la población de los votantes, eligió a Andrés Manuel López Obrador. Bajo este tenor, es importante hacer algunas reflexiones en materia educativa, pues la próxima administración, tiene tareas que valdría la pena repensar. En las siguientes líneas se expresarán algunas:
Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el virtual presidente electo, en su primer discurso, el mismo día de su victoria, ha dicho que una mayoría importante de ciudadanos “ha decidido iniciar la Cuarta Transformación de la vida pública de México” y que “erradicar la corrupción y la impunidad será la misión del nuevo gobierno”. También ha mencionado a las personas que integrarán un equipo de transición para este periodo. Y no, ni en una ni en otro aparecen los temas educativos; tampoco los científicos y tecnológicos.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.