Desde sus inicios, la educación se ha encontrado en permanente tensión y disputa no solo entre los grupos que gobiernan en ciertos momentos históricos y las derechas de cada época, también se encuentran en ese debate los sectores de izquierda. Para muestra de ello, solo basta abrir un libro de historia de la educación para constatar que, desde las reformas liberales de Gómez Farías, las Leyes de Reforma, los Congresos Nacionales de Instrucción Pública en tiempos de Porfirio Díaz, la revolución mexicana, el sexenio de Lázaro Cárdenas, el actual periodo neoliberal, la educación ha sido un periodo de permanente tensión y disputa.
Identidad y peruanidad son indisolubles como una moneda, vigorizada por la educación que fusiona nuestra herencia cultural y modernidad, para asegurar el porvenir como nación intercultural y tecnológica, capaz de aportar y enriquecer la cultura mundial cada vez más fusionado y competitivo, pues peruanidad no solo es celebración sino es inspiración.
Asomarse a las condiciones laborales y salariales del magisterio mexicano, desde preescolar hasta universidad, da miedo. Si algo han hecho las políticas del Estado en los últimos 40 años es degradar y devaluar la profesión docente, llevando a un gremio que antes tuvo cierto estatus social y económico hacia una precarización continua y feroz. La caída en su estatus socioeconómico y profesional es patente y no hace falta una gran investigación científica para percatarse de esto. Lo sorprendente, es que mientras los discursos y reformas educativas pregonan el derecho a la educación y a la calidad educativa, la devaluación de los docentes parece más la acción de un país hostil cuyo objetivo fuese destruir nuestra capacidad para formar ciudadanos informados, críticos, capaces y educados en un sentido amplio. Sin embargo, la caída en los ingresos reales de los maestros es tan sólo un trazo en el sombrío y complicado cuadro de la educación en México. Para entender un poco los alcances de la precarización magisterial, haré enseguida una revisión del concepto de precariedad, presentaré algunos casos de maestras mexicanas, y cerraré con algunas reflexiones sobre la significación de todo esto.
No sabemos a ciencia cierta si ya podemos hablar de post pandemia, o si el COVID 19 seguirá obligándonos a modificar nuestras prácticas sociales en general y, las prácticas educativas en particular. Lo que sí sabemos es que, desde marzo de 2020, se reformaron estrategias y modelos de enseñar y de aprender que nos mostraron prácticas educativas aún no imaginadas. Algunos pasaron del pizarrón a la computadora, otros tuvieron que transitar a través del teléfono celular. Muchos miles se trasladaron del pupitre al televisor. Sin duda, los más desafortunados –en conectividad y acceso a tecnologías– tuvieron que estar sentados junto a una radio para “tomar clases”. Lo que es común en todos estos casos es que los alumnos dejaron de asistir a la escuela por un largo periodo de tiempo.
Tomar conciencia de la importancia que han tenido las luchas de miles de trabajadores mexicano en épocas anteriores, es un elemento fundamental para comprender la importancia del sindicalismo en la defensa de todas y cada una de las prestaciones, estímulos y aumentos salariales que se han logrado gracias a estos organismos hoy en día desdibujados del contexto político nacional.
La incertidumbre en torno a temas educativos se ha presentado de manera constante en diversos proyectos y programas que se implementan a lo largo de los cambios transexenales, en esta ocasión la esperanza ha sido mayor en torno a una verdadera revalorización de la labor docente, término por cierto, acuñado por las propias autoridades educativas en el inicio de este periodo de gobierno, sin embargo, la falta de correctas políticas públicas en el ámbito educativo o quizá la falta de interés de los altos funcionarios, han ensombrecido las buenas intenciones de los discursos del titular del Poder Ejecutivo.
La demanda de una educación de alta calidad en globalización, exige un compromiso docente y del estado. En nuestro país, los profesionales de la educación estatal, son liderados por sindicatos politizados que persiguen poder y dando espaldas a la exigencia mundial, gatillan contra la calidad educativa y ahora pugnan, por manejar la Derrama magisterial, considerado el Banco de los docentes.
Al cabo del cierre del ciclo escolar correspondiente al ciclo 2021-2022, se reflejan en sí, dos etapas, dos escenarios educativos que no se habían presentado y que, por lo tanto, nos eran desconocidos: uno, los resultados del ciclo inmediato anterior en el que hubo que modificar la estructura y el formato para la impartición de clases con el objetivo de “salvar” el año escolar echando mano de la tecnología con el fin de transmitir la enseñanza de manera virtual y, así, hacerle frente a la pandemia COVID. Esto trajo como consecuencia importantes avances en el manejo de plataformas para solventar las clases a distancia, cualesquiera que fueran los métodos, los recursos y hasta las situaciones meramente personales –a veces dramáticas-, además del factor de los recursos, tanto de las instituciones educativas, como los de maestros y alumnos y en multitud de contextos, como la propia tecnología y la capacidad para manejarla, y los tiempos y las situaciones que se fueron presentando en el día a día.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.