La igualdad de género y los derechos de las mujeres son fundamentales para el progreso mundial en las esferas de la paz y seguridad, los derechos humanos y el desarrollo sostenible. En esta fecha, especialmente, se reivindica la igualdad entre hombres y mujeres, y se recuerda la lucha incansable por los derechos laborales y sociales de las mujeres en favor de una sociedad equitativa y justa.
La eliminación de los componentes Jornada escolar ampliada y del Servicio de alimentación en las reglas de operación del programa La escuela es nuestra para el año 2022 representó en términos prácticos la desaparición del Programa Escuelas de Tiempo Completo (PETC). La noticia ha provocado múltiples manifestaciones, tanto de rechazo como de apoyo a la medida. Sin embargo, a ambas posturas las une la radicalidad en la que suelen posicionarse: por un lado quienes ven una grave afectación a los beneficiarios del programa, y por otro quienes lo descalifican a través del cuestionamiento de la transparencia con la que se utilizaron sus recursos.
Ni la narrativa “por el bien de todos, primero los pobres” ni la promesa de campaña de “brindar alimentación en todas las escuelas de educación básica de la zonas pobres y marginadas del país” fueron tan poderosas para ser consideradas en la política pública gubernamental. Como diría un cronista deportivo, “la tenía, era suya y la dejó ir”. Pero esto no es un partido de fútbol (y menos por la violencia desatada entre aficionados y ocurrida en Querétaro, reprobable a todas luces). Son seres humanos de carne y hueso en condición de vulnerabilidad quienes están siendo afectados. Prefieren la Escuela es Nuestra que Escuelas de Tiempo Completo. Privilegian la infraestructura por encima de la alimentación. Su importancia e influencia para el aprendizaje es indiscutible en ambos casos. Ojalá no tuvieran que decidir entre uno y otro. ¿Sería mucho pedir que se implementaran los dos? ¿Es un asunto de finanzas? ¿de política? ¿de visión obtusa?
Desgraciadamente, no es el caso. La extensión de las jornadas de empleo no tiene impronta de género. Pero, eso sí, los esquemas de asistencia escolar de los infantes siguen amarrados a un modelo de organización patriarcal en el que las mujeres se encargaban de la crianza y del hogar. Ante ese recurrente desfase, una consigna de las activistas debería ser coyunturalmente, en 2022 “No a la desaparición de las escuelas de tiempo completo”. Otra, de mayor alcance, sería “Sí a la generalización de una jornada escolar de tiempo completo a lo largo de la escolaridad obligatoria y en todas las escuelas”. Sólo así, la equidad de género dejará de ser un compromiso ritual, de dientes para afuera, un día cada 365.
Desde mayo de 2018, con la presentación en Guelatao, Oaxaca, de los diez compromisos de Andrés Manuel López Obrador como aspirante a la Presidencia de la República al magisterio nacional, podemos decir que con fundamento en ellos se avanzó para bosquejar el nuevo modelo educativo de la Nueva Escuela Mexicana (NEM).
De manera reiterada se ha hecho eco que eso que se denomina “el periodo neoliberal” ya no existe en nuestro país y que con la última reforma en materia de educación ya se decretó su actual inexistencia, mas sin embargo como lo hemos dicho en varias ocasiones esa instrucción institucional nunca llego a las aulas, que por mandato de la ley se tiene que impartir los planes y programas vigentes que son los correspondientes al nuevo modelo educativo promovido en el sexenio anterior, además que aun no concluye la sustitución de los contenidos en los libros de texto, aun así este 31 de enero en el estado de Veracruz inicio la revisión de los planes y programas de la Escuela Mexicana misma que parece que ya no es nueva.
En el siglo XXI y tiempo atrás, las y los maestros vieron rebasada su idea aspiracional de la docencia y la gestión de los aprendizajes para incorporar los retos de contexto en la cotidianeidad escolar que no es ajena a la vulnerabilidad del alumnado y sus familias, en específico a las situaciones desiguales que enfrentan niñas y mujeres.
Es un hecho innegable que la posibilidad real de la inminencia de una guerra nuclear que exterminaría la vida humana, nos está haciendo reflexionar nuevamente sobre la naturaleza inviable, al parecer ontológica, de la convivencia moderna entre quienes somos diferentes. Es evidente que no nos reconocemos como iguales-diferentes, pese a la promesa incumplida de la Modernidad de considerarnos iguales y justicieramente a todos.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.