El artículo brinda un acercamiento a la educación de niñas y jóvenes, durante la primera mitad del siglo XX. Destaca los valores y la conducta como el foco de la enseñanza misma y resalta el papel que, en ese proceso, jugaron los colegios católicos.
¿Dónde queda la soberanía cognitiva y científico-tecnológica de países como México? ¿Dónde la formación humanista? ¿Dónde la calidez del contacto y las miradas entre los seres humanos que son docentes y estudiantes? ¿Cómo proteger a los estudiantes del abandono y la inequidad provocada por la fisura digital? ¿Cómo superar los desafíos de las instituciones y los agentes del acto educativo? ¿Cómo hacer que estudiantes sin medios tecnológicos ni recursos financieros no queden sin oportunidades? En estas páginas se proponen algunas respuestas. No será posible sin un ideal de formación, sin otro modelo educativo o proyecto estratégico distinto. Es necesario diseñar la educación y la universidad pospandemia.
La emergencia sanitaria ha generado una cantidad de efectos inconmensurables, los cuales aún no han sido analizados por la investigación para conocer los efectos que estos pueden tener sobre las personas en los diferentes ámbitos. En la innovación de la educación, de las principales acciones para enfrentar la pandemia, fue el uso de los medios tecnológicos como alternativa a la educación presencial, sin embargo, las tecnologías de la información y la comunicación en lo general, y las redes sociales por sí mismas en lo particular, presentan diferentes elementos que impactan de una manera específica en los efectos que pueden tener en el aprendizaje, por lo que resulta una temática actual y pertinente, la cual apertura nuevas líneas de investigación hacia el futuro de la innovación. Es así como, dentro del contexto educativo, la ciberdesinhibición afecta según sea canalizado al estudiante y el entorno de este hacia su deterioro o aumento en el aprendizaje a través de medios y redes sociales donde no exista una retroalimentación de facciones instantánea sin un equipo tecnológico de por medio.
Las temáticas presentadas por las y los 27 estudiantes han sido diversas, en todas ellas, se presenta la problematización y la presentación de una temática pertinente la cual forma parte del campo de estudio de la formación docente y del desarrollo educativo. El doctorado regional es coordinado por el Dr. José Matías Romo Martínez de la Unidad de Aguascalientes y tiene un líder académico de cada uno de los cuatro ámbitos en que se divide el programa con fines de organización de las líneas y las temáticas de investigación.
En 1972, el Apollo 17 tomó la primera fotografía completa de la cara iluminada de la Tierra. Se dice que, antes de dar a conocer la imagen, conocida como “la canica azul”, tuvo que ser editada, girándola 180 grados, para que coincidiera con la perspectiva tradicional de los mapas de la época. Tal hecho nos recuerda que se mira el mundo en el sentido que alguien decidió alguna vez. Lo que se conoce como norte también podría ser sur: la Patagonia podría estar “arriba” y Groenlandia “abajo”. Algo similar parece suceder con la tan aceptada aseveración “a mayores estudios, mayores ingresos”. ¿Y si, de manera general, fuera más acertado decirla al revés? ¿Qué afirmación es más generalizable: que el nivel económico determina la escolaridad o que esta última incide en los ingresos de las personas? ¿Dónde está el norte: en la cuna o en la escuela?
La pandemia por la COVID 19 trastocó las vidas de los actores educativos, obligándolos a transformar la ecología escolar, en tanto a la planeación y movilización curricular, pero y, sobre todo, en cuanto a revalorar aquello que resulta más importante para la continuidad exitosa de los aprendizajes, a saber, nuestra vivencia emocional.
A partir de la declaración de la “Guerra contra las Drogas” y de la continuidad de políticas de militarización en los últimos gobiernos federales, las comunidades educativas han tenido que adaptarse a condiciones extremas de violencia. Los docentes, en su mayoría mujeres, han tenido que desarrollar estrategias para cuidar y proteger la vida de sus estudiantes. ¿Cómo se sumerge la violencia estructural en el espacio escolar? ¿Cómo se relaciona la violencia de la “Guerra contra las Drogas” con otras violencias que afectan a las docentes y a sus estudiantes?
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.