Bien decía José M. Esteve en su texto La aventura de ser maestro publicado en la década de los noventa: “la enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos”, y no se equivocaba.
l 26 y 27 de septiembre se cumplieron 7 años de los trágicos hechos ocurridos en Iguala, Guerrero; 7 años de una búsqueda incesante; 7 años de una verdad lacerante denominada “crimen de estado”.
Y es que hoy, más que nunca, se tienen los argumentos necesarios para sostener una afirmación de esta naturaleza; no hay más, repito: fue el estado; porque un crimen de estado corresponde a un acto sistemático cometido por un gobierno o agencia del gobierno, de acuerdo a un plan o política preconcebida, que permite la realización repetida de actos inhumanos contrarios a las leyes de ese mismo gobierno o del derecho y principios internacionales reconocidos.
Aún no se ha superado la crisis sanitaria generada por el SARS-CoV-2 y, ciertos integrantes de distintas Secciones Sindicales del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), han dado rienda suelta a un proselitismo desmesurado, irresponsable e ilegal sin que, hasta el momento en que cierro estas líneas, tal organización sindical haya modificado los Estatutos que la rigen y el Reglamento para la Elección de Directivas Seccionales que emitieron en enero del año pasado.
Han pasado siete semanas desde que varias escuelas abrieron sus puertas para iniciar el ciclo escolar 2021-2022 y, tal parece, que poco a poco se han ido normalizando y minimizando los contagios por el SARS-CoV-2, tanto de los trabajadores de la educación como de los alumnos que asisten a recibir sus clases de manera presencial, pero también, de los que aún se encuentran trabajando a la distancia.
Como bien sabemos, el 25 de julio de 1921 el presidente Álvaro Obregón, decretó la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP), medida que fue aprobada días más tarde por la Cámara de Diputados. De esta forma, el 3 de octubre de ese mismo año, se publicó la creación de esta Dependencia en el Diario Oficial de la Federación (DOF). Y bueno, para el 12 de octubre, José Vasconcelos asumió el cargo como Secretario de Educación Pública, siendo el primero en tomar las riendas de esta importante y trascendental institución educativa en la vida de los mexicanos. La historia, así lo demuestra.
Tal vez el reto enorme que tenía en sus manos el magisterio no se dimensionó como debiera. ¿Acaso fue ingenuo pensar que todo el trabajo que se desarrollaría en cada uno de los planteles escolares de manera presencial, a partir del 30 de agosto, sería sencillo?, ¿acaso aquel firme y decidido anhelo de regresar a la presencialidad porque se extrañaba a los alumnos, compañeros y formas de trabajo con líneas pedagógicas y didácticas, propiciaron que se lanzaran campanas al vuelo sin reparar que, prácticamente, diversas actividades escolares se verían modificadas?
Después de dos semanas en las que, prácticamente todo el aparato burocrático del Gobierno Federal, de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), emprendieron una intensa campaña para que las escuelas del país – de todos los niveles educativos – abrieran sus puertas, se llegó el día tan esperado.
Sin un Plan Nacional para un Regreso Seguro a las Escuelas, la profesora Delfina Gómez, Secretaria de Educación, se presentó en la conferencia mañanera de López Obrador del pasado 12 de agosto, para asegurar que el “regreso a clases presenciales era inminente el próximo 30 de agosto” (Profelandia.com, 2021). Anuncio que evidenció, con mucha claridad, que no hay manera de contradecir al Presidente pues, antes, éste ya había afirmado que los centros escolares abrirían en esa fecha así “lloviera, tronara o relampagueara”.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.