En los últimos días ha comenzar a circular, principalmente en las redes sociales, la idea de que la Secretaría de Educación Pública (SEP), a través de sus diferentes áreas como la de Materiales Educativos, está delegando una responsabilidad importante a las maestras y maestros de la República Mexicana; esto porque, como se sabe, a partir del cambio de las guías de los Consejos Técnicos Escolares (CTE) a orientaciones, así como también, por su participación y en la construcción de los Libros de Texto Gratuitos (LTG) próximos a emplearse y su intervención en las conferencias de prensa vespertinas en las que se están dando a conocer dichos libros, es como se ha llegado a pensar o, al menos se ha intentado enviar el mensaje a los propios docentes y muy posiblemente a l
Seguro estoy que el título que le di a esta serie de ideas propiciará las más diversas reacciones, sobre todo, en las redes sociales, y no sería para menos; los últimos días han estado bastante acalorados, dado el incesante “debate” generado a partir de la distribución de los nuevos Libros de Texto Gratuitos (LTG) que serán empleados, por miles de estudiantes, maestros y padres de familia en el próximo ciclo escolar (2023-2024), en los cientos de escuelas esparcidas a lo largo y ancho de la República Mexicana
Apenas termina el ciclo escolar 2022-2023 y el rumor sobre la implementación del Plan de Estudios 2022 para el siguiente, en todos los grados de preescolar, primaria y secundaria, crece considerablemente.
Hace unos días tuve la oportunidad de leer un “tuit” que llamó mi atención; palabras más palabras menos, una especialista en el área de matemáticas, en entrevista con algún periodista de Así Las Cosas W, recomendaba a los maestros que usaran los libros de texto gratuito del año pasado porque los actuales no servían para nada, refiriéndose a los de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) que han comenzado a circular en las redes sociales, pero también a llegar a varios estados de nuestra República Mexicana. Desde luego, de entrada, pienso que ésta fue una afirmación desafortunada y lanzada al calor de la polémica y la inmediatez con la que circula la información en distintos medios de comunicación y entre las personas que, tal vez, no comparten o coinciden con los materiales educativos que la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha propuesto para el siguiente ciclo escolar, justo cuando entrará en vigor el Plan de Estudio 2022.
Yo sí celebro que en las últimas semanas se esté hablando, tal vez como nunca se había hecho, del Programa Analítico y de los Libros de Texto Gratuitos (LTG).
El pasado 1 de septiembre, la periodista Denise Maerker, presentó en su noticiero nocturno, una realidad que viven quienes asisten a cientos de escuelas públicas en nuestro país; se trató de la Escuela Secundaria Francisco Ruiz Massieu ubicada en la comunidad Caridad, de San Marcos, en el estado de Guerrero. El reportaje, como tal, muestra a unos estudiantes tomando clases al aire libre, mientras otros, ocupan un salón de clases porque, desafortunadamente, además de no contar con espacios suficientes donde se desarrolle en las mejores condiciones el proceso de enseñanza y de aprendizaje en cada uno de los grados, carecen de pizarrones, escritorios, computadoras, material didáctico, pero también, sanitarios o luz eléctrica.
Derivado de la aprobación de la reforma a la reforma educativa en 2019, se expidió el Decreto por el que se reformaron, adicionaron y derogaron diversas disposiciones de los artículos 3º., 31 y 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia educativa. En el artículo Décimo Primero Transitorio, de este ordenamiento, párrafo 3, se señaló: Para dar cumplimiento a lo establecido en el párrafo noveno en el artículo 3º., el Ejecutivo Federal, en un plazo no mayor a 180 días contados a partir de la entrada en vigor de las presentes disposiciones, definirá una Estrategia Nacional de Mejora de las Escuelas Normales, la cual establecerá acciones para su fortalecimiento (DOF, 2019).
El martirio comenzó la noche del 26 de septiembre de 2014: ¡No disparen, somo estudiantes!, ¡ya mataron a uno, háblenle a la ambulancia!, ¡porqué recogen los casquillos!, fueron algunos de los tantos gritos desgarradores que emanaron de las bocas de los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa en el estado de Guerrero.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.