“Pensar” el futuro suele consistir en proyectar hacia adelante lo conocido. Dicho de otra manera: prolongar los patrones que observamos en el pasado, ponerles algunos adornos y llamarle a eso “futuro”. En educación, en tiempos recientes por ejemplo, lo usual, ha sido pensar que el futuro será uno en el que la tecnología cobre más y más importancia.
La idea de que la educación debería ser competencia de la colectividad más grande y no sólo de las familias es muy antigua. En casi todas partes y durante la mayor parte de la historia de la humanidad, sin embargo, la educación de los menores ha sido un asunto fundamentalmente privado: uno directa y exclusivamente a cargo de los padres, de la familia y/o de las religiones organizadas.
Los primeros días en Jerusalén no lograba desconectarme de México. Tras poco más de una semana en Israel con las y los 60 estudiantes universitarios seleccionados para conformar la 4a generación del programa Talentum Universidad del PIPE/CIDE, ahora me cuesta desconectarme de lo que estoy y estamos viviendo aquí, en Israel.
México, lo sabemos bien, presenta déficits graves en acceso, equidad y calidad de la educación. Esas deficiencias afectan muy negativamente muchos aspectos de la vida y el desarrollo de millones de mexicanos. Sin embargo y según el espléndido análisis de Santiago Levy en su último libro (Esfuerzos mal recompensados: la elusiva búsqueda de la prosperidad en México), esas deficiencias no figuran como parte de la explicación central de los raquíticos niveles de crecimiento que ha experimentado la economía mexicana durante las últimas décadas.
La noción de “calidad educativa” importa, pues nos lleva necesariamente a dos asuntos que resultan centrales para la conducción de cualquier sistema educativo: definir lo deseable en la materia y ocuparse de fortalecer los procesos de enseñanza-aprendizaje dentro de las escuelas y las aulas. Marginar el tema dentro del discurso y la acción del gobierno, significaría, en muchos sentidos, dejar fuera de la política educativa a la educación.
El lunes de esta semana dio inicio en la Universidad Autónoma de Chiapas la consulta sobre la “educación para el bienestar”, la nueva reforma educativa a ser impulsada por el gobierno que habrá de encabezar Andrés Manuel López Obrador a partir del 1º de diciembre.
El panorama para la educación mexicana en los años por venir resulta especialmente incierto. Dentro del caudal de iniciativas anunciadas por el nuevo gobierno, destacan por su fuerza reiterativa dos propuestas principales en la materia: cancelar la reforma educativa impulsada por la administración Peña Nieto y abrir las compuertas del acceso a la educación superior. El alcance y sentido de estas propuestas sigue siendo, sin embargo, muy difuso y no ayuda a saber qué tanto la política educativa en su conjunto se centrará en fortalecer la educación nacional o en otros objetivos.
¿Quién puede estar en desacuerdo con que jóvenes mexicanos que terminan de sicarios sean, mejor, becarios? Supongo que nadie y López Obrador lo saben. Por ello resultó tan pegadora y pegajosa la fórmula con la que nos resumió lo que piensa y plantea en relación a los jóvenes sin futuro que México produce a raudales.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.