No hago etnografía, no soy antropólogo. Mi campo de trabajo es diferente; no tengo entrenamiento para observar con paciencia. Pero sí visito planteles, charlo con docentes y con alumnos. De esos ejercicios extraigo enseñanzas que luego aplico en mis trabajos sobre política educativa.
El 26 de noviembre asistí a la escuela primaria Mitsuke, en Nagoya, no muy lejos del campus. Mi colega, Yuki Shimazu, fue mi guía y traductora. Me interesaba observar a niños y maestros en las actividades que hacen después del horario escolar. Los pequeños efectúan labores en ésta y casi todas las escuelas de Japón. Faena que, además, ofrece a maestros jubilados la oportunidad de seguir activos.
Tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial, durante la ocupación estadunidense, Japón comenzó la reconstrucción de su economía y sociedad. A partir los 50 era tan próspero que cuando se convirtió en la segunda potencia industrial del mundo, en occidente supimos del “milagro japonés”.
Cada vez parece más difícil seguir la lógica de la Nueva Escuela Mexicana. Por una parte, levanta un discurso (todos los agentes del gobierno) de alabanza a los maestros, su vocación, trabajo y realizaciones, mientras los coloca como las víctimas de la Reforma Educativa del gobierno de Peña Nieto. Por otra parte, recorta los fondos para las escuelas normales, la formación continua de los docentes y, aunque cierra las escuelas de tiempo completo, les manda más carga de trabajo que deberán cumplir en menos de 750 horas frente a grupo por año.
Hago una estadía de investigación en Japón. Soy profesor visitante en la Escuela de Posgrado en Desarrollo Internacional de Universidad de Nagoya. Uno de mis propósitos es observar lo más que pueda del sistema educativo japonés y sus reformas en este siglo. Éste es un lugar privilegiado para aprender.
Por más que quise, nunca se me dio escribir calaveras, pero disfrutaba las que compañeros de los años de secundaria y prepa escribían —las publicaban en periódicos estudiantiles de corta vida— para mofarnos de nosotros mismos.
“No le busques tres pies al gato, porque tiene cuatro”, reconvenía la abuela cuando los chamacos preguntábamos.
En menos de una semana aparecieron tres pilotes de la política educativa que, aunque parezcan incongruentes (cosas que se van, otras que regresan), son la marca de la Cuarta Transformación.
Una golondrina no hace verano, anuncia un refrán popular. Pero, quién sabe si varias hagan otoño. Si bien el secretario de Educación Pública logró sentar en una mesa a grupos irreconciliables, parece que los peores pronósticos sobre la política educativa del gobierno del presidente López Obrador comienzan a cumplirse.
Las escuelas resisten con vigor las influencias externas, excepto aquellas que tienen que ver con sus tareas habituales, como cambios en planes y programas, libros de texto y materiales de apoyo.
Una demanda recurrente —por necesidad real— que enarbola el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación desde los años 50 es la de tener espacios dignos y adecuados para la labor escolar.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.