El día 12, el presidente Andrés Manuel López Obrador firmó y envió al Congreso federal la iniciativa para cancelar la Reforma Educativa del gobierno de Peña Nieto. En su conferencia de prensa matutina, el Presidente sólo expresó unas cuantas palabras y dejó el podio al secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, para que explicará el contenido y los alcances de la propuesta.
Los dos intentos de relevancia para mover el “paquidermo artrítico” —como alguna vez llamó el entonces secretario de Educación Pública, Jesús Reyes Heroles, al sistema educativo mexicano— fueron de los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto. Hay una diferencia fundamental con la propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador. En aquellas ocasiones, los presidentes mismos discursearon sobre la necesidad y deseos de reformar el sistema. Hicieron la crítica a lo existente, forjaron los propósitos centrales, apuntaron los instrumentos políticos e institucionales y fijaron una visión del futuro deseable. Salinas, el 16 de enero de 1989; Peña Nieto, el 10 de diciembre de 2012.
Al presidente Andrés Manuel López Obrador le encanta sembrar expectativas y ponerles misterio a sus propuestas, aunque muchos crean que es predecible. En efecto, dadas la retórica y las promesas de campaña, uno puede aventurar pronósticos sobre las piezas legislativas de educación de la Cuarta Transformación.
En su Pedagogía de la esperanza, Paulo Freire conmina a los educadores a nunca caer en el pesimismo, con todo y que el contexto político, económico y social debilite las raíces del ser humano. “Nunca perder la esperanza” en que el porvenir será mejor, pero tampoco aguardar a que ese futuro llegue en automático; hay que luchar por él con los instrumentos de su trabajo: la praxis y la crítica.
El gobierno de Enrique Peña Nieto feneció en el primer minuto de ayer. Lamento que, al menos en el corto plazo, su legado se examine por las pifias, la corrupción y su falla en frenar la violencia criminal. No todas, pero buena parte de las reformas estructurales que promovió desde el 1º de diciembre de 2012, se echarán para atrás, aunque no tanto como algunos pudieran pensar. Toda reforma, más cuando toca a la Constitución, deja asientos institucionales.
“Tengo que procurar la unidad”, expresó Andrés Manuel López Obrador ante dos grupos antagónicos que quieren la dirección del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Parece que AMLO busca un SNTE sólido, con un liderazgo indiviso y —de ser posible— ligado a Morena.
“Esto me huele a cuarta transformación”, me dijo el jueves un exdirigente medio del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Todavía no comenzaba la 47 Sesión Extraordinaria del Consejo Nacional y, aunque había balance, los rumores se inclinaban por la salida de Juan Díaz de la Torre, pero muchos pensaban, yo entre ellos, que daría más pelea.
No obstante que la contienda por la educación incluye a bastantes actores, diversas posiciones políticas y orientaciones ideológicas, a veces es conveniente agruparlas en reductos polares para entresacar las aristas cardinales de los debates. Pongamos por ejemplo la evaluación docente dentro de la Reforma Educativa que el próximo gobierno quiere enterrar y que el que fenecerá en menos de dos semanas todavía defiende. Lo hace con proclamas y los pocos instrumentos políticos que le quedan.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.