La semana pasada, la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación presentó su informe más reciente, Educación para la democracia y el desarrollo en México. Será por años de afanarme en el análisis de la política educativa, sus fundamentos institucionales, conflictos y avatares en general, que esperaba que este texto evocara el criterio democrático de la educación planteado en el artículo 3 de la Constitución. Pero no, es de diferente calado, apela a principios filosóficos (justicia, diversidad/equidad), políticos (rectoría del Estado) y aspiraciones (calidad y evaluación para mejorar).
Estimada Rosa: Esta es una respuesta amigable a la pregunta que haces en el blog de Excélsior al comentar mi pieza del domingo 3. Al parecer repruebas mi postura de que sería una tragedia que, al finalizar este sexenio, se cancele la Reforma Educativa. Sin embargo, pusiste en positivo tu crítica: expresas: “¿por qué no en uno de tus artículos detallas los principales logros de la Reforma Educativa (administrativa) que tú tanto defiendes, no los que se van a ver en 20 años, como dijo Nuño, sino los del presente”
Tal vez hoy como nunca en México pudiera pulsarse la máxima de Antonio Gramsci de que “la política es educación y la educación es política”, aunque no en el sentido elevado en que el filósofo italiano lo planteó. Sirvan de ejemplo cuatro viñetas de la política educativa que se concatenan de manera compleja.
La Sociedad de Educación Comparada e Internacional (CIES) celebró su Conferencia 62 en la Ciudad de México en marzo pasado. En estos congresos, aunque en esencia sean académicos, se discuten asuntos de política educativa de importancia global y sus repercusiones locales. Las diferentes actividades facultan a los participantes a entender que, por muy particulares y específicos que parezcan ciertos fenómenos, siempre hay un parangón en otra parte del mundo.
Me gano la vida como profesor de Educación y Comunicación en la Universidad Autónoma Metropolitana. Pertenezco a varias asociaciones académicas, a la Sociedad de Educación Comparada e Internacional desde 1982. Celebramos una conferencia anual, la más reciente, en marzo de este año en la Ciudad de México. Además de conferencias magistrales, mesas de debates, presentaciones de libros, festival internacional de cine sobre educación, presentación de carteles y sesiones de diversa índole de la junta directiva y del comité de la Comparative Education Review, hay una ceremonia de premiación. Allí reconocemos los méritos de colegas y los elevamos a la categoría de Honorary Fellows, también estimulamos a las estrellas en ascenso (mejor tesis de doctorado, mejor libro y mejor artículo en la CER).
A pesar de que, por décadas, el campo de la educación comparada e internacional representó un papel de poca monta en investigación educativa, desde que un grupo de entusiastas convocamos a instituir la Sociedad Mexicana de Educación Comparada (Somec), el campo comenzó a crecer y a cosechar las semillas sembradas tiempo atrás. Hoy, sin ser abundante, sus practicantes avanzamos, tenemos más proyectos, congregamos a colegas con experiencia, a nóveles investigadores y a estudiantes de posgrado a participar en conferencias y a publicar los resultados de sus pesquisas.
En contraste con campañas presidenciales anteriores, el tema de la educación enciende debates. Se discute más que nada la Reforma Educativa, si sigue, si se abroga o se modifica; que está bien, pero que hay cambiar la evaluación; que hay que seguir con ella, a pesar de la oposición de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, nos dicen.
Si juzgamos por el mensaje que AMLO manda en su “Decálogo por la educación y el magisterio”, dado a conocer en Guelatao, Oaxaca, el sábado 12, me equivoqué. Sentenció: “Se cancelará la mal llamada Reforma Educativa. Haremos uso de las facultades del Ejecutivo para detener las afectaciones laborales y administrativas contra el magisterio nacional” (Excélsior 13/05/2018).
Sin embargo, si enjuiciamos el asunto a la luz del documento que Esteban Moctezuma Barragán —secretario de Educación Pública designado en caso de que AMLO gane las elecciones— entregó a las organizaciones de la sociedad civil que promueven el “Foro10 por la educación”, el horizonte discursivo presenta discrepancia.
En su mensaje de Guelatao, AMLO recuperó su discurso agresivo y adscrito a las demandas de la CNTE: “Cancelar la mal llamada Reforma Educativa”. Para lo cual, afirmó al día siguiente, enviará al Congreso una iniciativa de ley preferente con el fin de: “Quitar todas las leyes o artículos de leyes que afecten la dignidad del magisterio”.
No obstante, en el documento que proporcionó a las organizaciones de la sociedad civil, informa mi compañero David Vicenteño, “a lo largo de las diez repuestas, en ninguna de ellas López Obrador menciona la idea de cancelar la Reforma Educativa, habla de establecer grupos de coordinación con la actual administración para conocer los avances de la implementación” (Excélsior, 12/05/2018).
En su discurso de Oaxaca, AMLO ofrece un decálogo que ratifica frases de campaña y puntos de su “Proyecto alternativo de nación”, como “no habrá rechazados, 100 por ciento de inscripción a todos los jóvenes de universidades y becas mensuales a estudiantes de media y superior de escasos recursos”. Además —y eso le ganó aplausos de los asistentes—, afirmó que promoverá las propuestas alternativas de educación que cada entidad federativa ha impulsado, como el Plan para la Transformación del Estado de Oaxaca (el famoso PTEO). Éste representa la esencia de las propuestas de los maestros disidentes que, en la práctica, significa ampliar sus redes de control de la educación pública en el estado, administrar el presupuesto educativo, que los líderes de la S-22 distribuyan las plazas, ascensos y recompensas extraordinarias a los docentes.
En cambio, en el documento para el Foro 10 por la educación, AMLO apoya la enseñanza del inglés, uso de las nuevas tecnologías y lamenta que el nuevo modelo educativo llegara al final del sexenio, “por eso es que las primeras tareas serán garantizar la viabilidad de su implementación paralelamente a una gran consulta con los maestros, padres de familia, expertos y sociedad en general”. Además, ofrece crear un equipo conjunto con integrantes del gobierno saliente “para darle seguimiento a la implementación del Nuevo Modelo Educativo”.
Tenemos, pues, dos discursos —que incluyen aspectos programáticos, cada uno de diez puntos— que ofrecen cosas distintas, unas con una mano tendida a los grupos disidentes que rechazan la reforma desde sus inicios, otras imposibles de cumplir (que todo el que quiera ingrese a la educación superior). Éstas contrastan con propuestas de continuidad de la Reforma Educativa, incluyendo la evaluación docente, pero con la participación de padres de familia y los colectivos escolares (que ya están incluidos en las nuevas leyes), con lo cual “…se pretende que los intangibles de la labor docente, como el trato humano que significa enseñar, se tomen en cuenta”.
Aquí tenemos un dilema. ¿A quién hacerle caso, al AMLO moderado o al AMLO radical? El candidato dice una cosa en la plaza pública, aunque aclaró al día siguiente que no es necesario firmar ningún acuerdo con los maestros, porque él cumple sus compromisos. Pero su mensajero expresa una consigna discorde ante organizaciones de la sociedad civil en un documento que el candidato rubricó, pero que no presentó en persona.
Estoy convencido de que, si AMLO gana la Presidencia, no concordará con ninguno de los discursos. No sólo porque sean antagónicos, sino por su vocación. Desconfía de la sociedad civil, no concederá; pero tampoco permitirá que la CNTE le dispute poder.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.