Hoy conmemoraremos una efemérides importante en la vida de México. El 22 de marzo de 2006 fue el primer día que apareció el nuevo Excélsior. Por ser miércoles, tuve la fortuna de colaborar en el primer número. El título de mi colaboración, “Pupitres, política y poder”, fijó los temas que trataría y el orden de importancia de cada concepto.
Aunque lo mío no es la metáfora, pido prestado al poeta el título y el epígrafe para esta pieza. Me parece que el breve y amargo poema ofrece una alegoría para pintar el estado que guarda la Reforma Educativa. No sólo los nubarrones de echar atrás los cambios si Morena gana las elecciones, sino la disputa cotidiana que mantiene la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación añublan el horizonte.
Por décadas, los altos funcionarios del Estado se guardaban de incitar debates, cuidaban sus palabras para no ofender. Era rarísima su aparición en la plaza pública. Con gacetillas llenaban planas cuando la prensa dependía del gobierno. En realidad, era difícil conocer la opinión de, digamos, un secretario de Educación Pública. Sólo criticaban al pasado y recitaban los documentos programáticos de la SEP y, por lo regular, ante auditorios seguro
Desde que la revolución cibernética permitió que los periódicos se publiquen en la red y que los lectores respondan, critiquen o comenten noticias y editoriales, la plaza pública se expandió como nunca en la historia. Quienes hoy escribimos opiniones en Excélsior tenemos jueces —severos unos, benevolentes otros— que se encargan de corregir nuestros errores, informar nuestra ignorancia o, como dice el lenguaje popular, “leernos la cartilla”. Unas veces nos apoyan; otras, nos reprochan. Además del blog del periódico donde los lectores se transforman en árbitros, recibimos mensajes en los buzones electrónicos. Hoy, cualquier cosa que anotemos es colectiva, no individual
En muchos de mis artículos en Excélsior y en ensayos académicos he puesto en perspectiva que las reformas educativas que surgen de la cúspide del poder político —la mayoría en el mundo— tienen una trayectoria típica desde que se anuncian: debates públicos, procesos legislativos, propuestas de programas concretos, ejecución de planteamientos programáticos, modificaciones en planes de estudio, programas de formación y capacitación docente y, hasta el final, arriban a las escuelas
Andrés Manuel López Obrador signó con Rafael Ochoa Guzmán, vicario de Elba Esther Gordillo, y Víctor Manuel Fernández Andrade, del Movimiento Democrático Magisterial de Zacatecas, el Acuerdo para la transformación de la educación en México y la defensa de los derechos plenos de los maestros. Si las palabras cuentan, en ese convenio parece que en su relación con los docentes de México, AMLO cede la batuta ideológica a su antigua adversaria. Los diez puntos del documento reciclan —casi con las mismas palabras— viejas consignas que la señora Gordillo utiliza desde comienzos de los 90. Claro, adosadas con giros contra la Reforma Educativa
El 25 de enero, una de mis exalumnas, conocedora del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, me comentó —en respuesta a uno de mis artículos— que Elba Esther Gordillo salió de la cárcel con una sed de venganza cultivada por cuatro años y nueve meses de prisión; considera que Enrique Peña Nieto y Juan Díaz de la Torre la traicionaron. Al primero lo apoyó para llegar a la gubernatura del Edomex; el segundo se ganó su confianza por encima de viejos allegados.
Otto Granados Roldán publicó este viernes 19 en El País un artículo acerca de la Reforma Educativa del gobierno de Enrique Peña Nieto. El secretario de Educación Pública puso el título de su pieza entre interrogaciones: “¿Revertir la Reforma Educativa mexicana?”. Su respuesta es obvia:no, no debe revertirse: “sería un abuso inmoral y grosero en contra de los niños de México”. Su argumento es elaborado y, por supuesto, polémico.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.