Hace unas semanas, la profesora de la Escuela de Posgrado en Educación de la Universidad de Harvard Meira Levinson dictó una conferencia a estudiantes de maestría y doctorado en educación en mi Casa Abierta al Tiempo. Su charla versó sobre ética en la práctica escolar, asunto que se toca poco en las discusiones académicas. No me refiero sólo a México. La ética no es un tema recurrente en los sistemas educativos del mundo. Su charla sembró dudas e inquietudes. A mí me provocó y me hizo pensar en asuntos de la Reforma Educativa en marcha en México.
Año tras año observamos protestas de “rechazados” a la educación superior en México. En esto cada quien tiene su punto de vista. Para los funcionarios universitarios no hay rechazo, se admite sólo a quienes pasan por los filtros que impone cada institución. Para otros, es efecto de un sistema excluyente. No hay un examen general de ingreso a la educación superior. Por eso no se considera un problema nacional.
En la prensa y los medios debatimos acerca de la corrupción gubernamental y del maltrato que políticos, partidos y burocracia ejercen contra la ciudadanía. Organizaciones patronales y cámaras que agrupan los actores del sector privado se unen al coro de denuncias, a veces las lideran y exigen honestidad, transparencia y respeto a las leyes. ¡Y hacen bien! Alguien tiene que levantar la voz.
El artículo 3 de la Constitución considera a la democracia “no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.
Tras la entrada en vigor de la Constitución de 1917, el presidente Venustiano Carranza interpretó que la educación primaria era responsabilidad de los municipios, la preparatoria (no había secundaria todavía) y normal, de los estados; sólo la Universidad Nacional y otras cuantas escuelas dependerían del gobierno federal.
oberto Rodríguez Gómez, en un artículo (Campus Milenio, 3 de agosto), documentó que la SEP plagió párrafos de documentos de la OCDE e ideas de la Unesco. También nos recuerda que Jacques Delors, en La educación encierra un tesoro (una mini biblia para los educadores progresistas y humanistas en los años 90), distinguía entre memorismo y la necesidad de que los educandos memoricen lo esencial. El primero es nefasto, la segunda es imprescindible. Quizá, el documento de la SEP equipara aquella distinción con lo que denomina conocimiento significativo.
Los griegos inventaron seres fantásticos para encontrarle sentido a lo que no comprendían, creaban mitos que no sólo alimentaban la imaginación, también les servían para fabular y extraer alguna parábola. La quimera era uno de esos seres: un monstruo que tenía cabeza de león, cola de dragón, cuerpo de cabra y expelía llamas por su hocico. Increíble, ¿verdad?
Pido a mis lectores disculpas por escurrir el análisis de la Reforma Educativa, seguirle los pasos a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, develar las intenciones del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y las reyertas en sus alrededores. También por evadir la discusión del modelo educativo y las consultas que lleva a cabo la Secretaría de Educación Pública.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.