El jueves de la semana pasada, charlé largo con un amigo y colega sobre la política educativa y la política en general. Ambos somos gente del sector educativo y vemos con ojos críticos la tendencia de la Cuatroté a cambiar todo, con precipitación y alevosía, sin consultas serias y con desprecio al trabajo y tradición de los docentes.
En definitiva, la ley es un estorbo para el gobierno de la Cuatroté. Ya mostró que no acatará el veredicto de la jueza Yadira Medina de suspender la impresión y distribución de los libros de texto gratuitos. Es más, le respondió que no tiene esos libros, cuando el mismo presidente López Obrador asegura que muchos ya están en los estados y que en agosto, al comienzo del ciclo escolar, estarán en cada escuela.
El martes de la semana pasada, Keiko Nagaoka, ministra de Educación, Cultura, Deporte, Ciencia y Tecnología (MEXT) y, además, ministra encargada de Diseñar el Futuro de la Educación de Japón, ofreció una conferencia de prensa. Expresó que el MEXT examinó los debates acerca de la inteligencia artificial, su provecho y escollos.
De acuerdo con Guorui Fan y Thomas Popkewitz “la política educativa es un código de conducta, una existencia normativa y una herramienta empleada por una entidad política para gobernar la causa educativa”.
Leticia Ramírez Amaya es secretaria de Educación Pública a partir de la semana pasada. El presidente López Obrador fue fiel a su tecnología del poder: 90% de lealtad y ya veremos el 10% restante. Con sus palabras en la mañanera del lunes mostró que la educación le importa poco, felicitó a Delfina Gómez Álvarez por lograr el “Avance en el mejoramiento de los contenidos educativos que ya han sido aprobados”. Pero apenas ayer la SEP los santificó y no hay nada publicado en el Diario Oficial de la Federación.
Notas de prensa recientes destacan violencia sexual contra niñas en las escuelas, deshonor entre el magisterio y rechifla de maestros de San Luis Potosí a la secretaría de Educación Pública, Delfina Gómez Álvarez. Son ejemplos del malestar de un sistema educativo que se deteriora paso a paso.
Aunque todavía no concluye y quizá será endémico, el covid19 derrumba un sistema escolar ya de por sí lastimado. La pandemia devastó la vida institucional, entorpeció lo que funcionaba más o menos y fastidió lo que andaba con muletas. El rezago educativo es uno de los males indisolubles del sistema, pero hoy alcanza cifras de tragedia.
Hace pocos meses, el presidente López Obrador hizo mofa de las protestas por la contratación de médicos cubanos para ofrecer atención especializada en zonas remotas donde los doctores mexicanos, “aspiracionistas”, no quien ir. Muchos facultativos reaccionaron ante los insultos, pero no pasó de la plaza pública.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.