Un reportaje de Elías Camhaji (El País, 3 de julio) me agrietó el corazón y me llenó de enojo. Llega a la médula de una práctica que, pese a esfuerzos de muchos gobiernos, instituciones y personas, persiste en las escuelas mexicanas: el racismo, la exclusión y la violencia entre pares.
Geoff Whitty y Emma Wisby argumentan que desde el voto británico a favor de la salida de la Unión Europea (el Brexit) y la elección de Donald Trump en Estados Unidos, se habla mucho de que vivimos en la sociedad de la “posverdad”, en la que las “verdades alternativas” compiten entre sí. Hoy, los populistas a menudo ridiculizan a los “expertos” y celebran el “sentido común”, incluso cuando parece contradecirse con las pruebas.
“Brincos diera porque fuera simbólica”. Imagino un diálogo entre una madre de familia que tiene a sus hijos en una escuela de Chiapas y un sociólogo de la educación. Éste le explicaría que, según Pierre Bourdieu, en las escuelas se ejerce la violencia simbólica.
Es difícil entender los elogios que el presidente López Obrador lanza la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, con todo y que sus voceros le tiran piedras, critican —por neoliberal, dicen— su política hacia la educación y su proyecto querido de transformación curricular y nuevos libros de texto.
En la propuesta de la Secretaría de Educación Pública del “Nuevo marco curricular y plan de estudios de la educación básica mexicana”, pone a lo común como el eje articulador de los futuros planes y programas de estudio y a la comunidad, no a la escuela, como el espacio del proceso de enseñanza y aprendizaje. A pesar de la retórica llena de adjetivos y frases mañaneras, apunta críticas de cierto valor, aunque las apuestas de cambio no parece que vayan a mejorar la educación.
15 de mayo, día de peso para el magisterio, celebración de su ser y hacer. Festejo que instituyó el presidente Venustiano Carranza en 2018 y que tomó fuerza más allá del Estado; la sociedad también celebra a los maestros y quizá lo hace con sinceridad, no con el ánimo de ganar su voto ni de hacerlos dependientes. Sin embargo, el mensaje que surge del gobierno se escucha más, hoy todavía más por las mañaneras.
Pido disculpas a El Gabo y a lo lectores por el título. No obstante, queda como “anillo al dedo” para ratificar que el patriarca ya dictó sentencia: se finiquita el Programa Escuelas de Tiempo Completo.
No es a la maestra Delfina a quien hay que convencer. El presidente Andrés Manuel López Obrador tomó la decisión de cerrar el Programa Escuelas de Tiempo Completo. Con todo, los legisladores de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados de Morena, Verde y del Partido del Trabajo se pronunciaron por la defensa del PETC. Los de la oposición ya lo había hecho.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.