Desde que empezó la escuela, muchos siglos atrás, su realidad, su fuerza y su significado no se pueden reducir al domicilio de su sede, al edificio que la aloja. Primero nació la escuela y luego se le buscó un espacio. Comenzó con aquellas primeras 'professio' –los juramentos solemnes que se intercambiaban una ciudad y sus maestros, en la Italia medieval– y si lo analizamos, el centro de la escuela es la correspondencia entre madres y padres con maestras y maestros, entre las familias y los docentes, la corresponsabilidad para que se cumpla el derecho de niñas y niños a aprender.
MEJOREDU, el organismo del Estado que debe impulsar la mejora continua de la educación, anunció este martes una lista de aspirantes a consejeros que están ya por entrar a la etapa de invitación final. De los 70 que llegaron a esta etapa –maestras frente a grupo, académicos, activistas de sociedad civil– se elegirán a 15 para que aconsejen en los próximos años al organismo.
Esta semana tuve oportunidad de participar en la primera reunión regional sobre la armonización de las leyes estatales en materia de educación, realizada en Jalisco pero con convocatoria para Nayarit, Sinaloa y Durango. Acudieron Adela Piña, presidenta de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados federal, Tonatiuh Bravo, coordinador de Movimiento Ciudadano en la Cámara baja, la Senadora Verónica Delgadillo, lo mismo que el secretario Esteban Moctezuma.
La diferencia entre ser habitante y ciudadano, entre ser número de Inegi y miembro pleno de una comunidad es a lo que llamamos “ciudadanía”. Es la participación activa, crítica y propositiva en aquello que nos concierne y nos rodea. Un súbdito puede –debe– conocer bien las leyes y apegarse a ellas, pero no es aún un ciudadano. Porque un ciudadano es corresponsable y constructor también de las leyes que le gobiernan. Son mujeres y hombres libres, porque se dan a sí mismos el orden que les rige, e incluso, pueden renovar ese mismo orden. Es una aspiración. Para muchos, una fantasía. Para muchísimos, dolorosamente, una realidad virtual muy, muy lejana de su experiencia cotidiana.
La escuela trae sobre sí –en México, como en todo el mundo– el peso de la expectativa: todo queremos que resuelva. Sí puede –pero si la dejamos, si respetamos y alimentamos su realidad de relación, encuentro y comunidad de aprendizaje– resolver muchas situaciones. Mucho, no todo. Y una de las claves es que la escuela sea para la vida, no para la escuela misma.
El poeta Juan Gelman, nuestro aunque nació en Argentina, escribió: “narrando nuestra oscuridad se ve claramente la vida”. Nada que tenga que ver con los derechos de niñas y niñas en México puede, en estos días, escribirse o plantearse eludiendo la tragedia. No puedo y no voy a dejar de lado la tragedia primera: la de un país, el mío, en donde asesinan a niños de una forma que no es “demencial” o “irracional” o “por confusión”, sino en la espantosa pero muy racional dinámica del tráfico de armas y drogas cobijado por dos Estados –el de México y el de Estados Unidos– débiles en la visión de derechos, laxos en los principios, confiados en que las reacciones de repudio no son mayoritarias; dos Estados que en lugar de sumar sus fortalezas para salvaguardar la vida de los más pequeños, están, en muchos ángulos, podridos, y colaboran en dejar sueltos criminales, encarcelar niños y llegar injustificablemente tarde a explicar con torpeza por qué los mataron.
No alcanzan los adjetivos. Estamos en México inventando nuevos, para describir despectivamente fenómenos de corrupción, o al menos para socializar nuestro disgusto. El huachicol, término que se empleaba originalmente para nombrar la práctica de adulterar los alcoholes, rebajándolos para aumentar la ganancia a costa del consumidor, acabó como etiqueta para designar al robo de combustible.
Va un enunciado de teoría política, curso 1: El gasto público es la consistencia auténtica del marco normativo y de la planeación para el desarrollo.
Va un enunciado de realismo elemental: El gasto público es el factor en el cual se hace tangible la voluntad política.
Va un enunciado callejero, pero certero: Si no destinas dinero a los programas que anuncias, eres un mentiroso.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.