Este martes por fin brotaron a la luz pública los proyectos de dictamen para las tres leyes secundarias en materia educativa que se refieren a la educación básica y media superior. Algunos elementos de la iniciativa morenista se matizaron y por fin se incluye, acertadamente, una primera normativa nacional para dar primeras certezas sobre la función de Asesor Técnico Pedagógico.
Es de un fanfarrón insufrible que –para algo de verdad relevante– alguien se declare plenamente preparado. La vida es siempre más impredecible, más rica y más compleja que nuestras teorías y nuestros planes, y siempre habrá más imprevistos que lo que hubiésemos deseado anticipar. Por ello, suena sensato que cuando a una persona le preguntan: “¿listo?”, su respuesta sea: “no, pero sí dispuesto”.
Aprender es para participar. Aprender, lo que se llama aprender, sólo participando. Sin que sea sólo un juego de palabras, aprender es participar para participar. Participar desde ya para participar más, para participar mejor.
Como anticipamos la semana pasada, se apresuraron los tiempos. Y luego, freno de mano. El derrape salió así: el jueves 18 de julio, por la noche, apareció como Anexo V de la Gaceta Parlamentaria la “Iniciativa con proyecto de decreto por el que se expide la Ley General de Educación, presentada por los coordinadores de los grupos parlamentarios de la Cámara de Diputados”, con las debidas formalidades. Bueno, excepto que, “por imposibilidad material”, ya se habían cancelado las sesiones previstas de Parlamento Abierto (29 a 31 de julio), puesto que se convocó a periodo extraordinario de sesiones y el plan era subir para hoy mismo, 25 de julio, el texto ya dictaminado al Pleno de Diputados. Descontón. Pero entonces, dejando la llanta en el asfalto, el pasado martes 23 de julio se acuerda detener el proceso y se manda todo a septiembre. Confirmado: la ley no puede hacerse sin crítica y debate, sin pluralidad y con mera prisa.
El cambio en materia educativa de la Constitución marca, en un transitorio, la responsabilidad del Ejecutivo federal de presentar una estrategia nacional para la inclusión. La tarea ya se aborda desde distintos ángulos: un trabajo muy intenso al interior de la propia SEP, con una consulta ampliada a organizaciones, especialmente las de personas con discapacidad; el trabajo del colectivo #NiñezYJuventud, un bloque de 400 organizaciones de todo el país que trabajan con enfoque de derechos; las aportaciones que se van perfilando desde el SIPINNA, el Sistema Nacional de Protección de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.
Nos tocó criticar con firmeza las presiones injustas que recibió de parte de la SEP el ahora desaparecido INEE para cambiar sus procesos o calendarios, así como de las críticas infundadas. Pero en lo que chocamos frontalmente –con sus distintas dirigencias en el tiempo– es que no se alcanzó a reconocer que en la evaluación de los aprendizajes había que seguir a niños reales, no a constructos estadísticos. Un funcionario del Instituto afirmó: “Claro que hacemos evaluaciones censales: puedes hacer el censo de estudiantes o el censo de contenidos”. No, claramente eso no es lo que significa “censal”. “Censal” es llegar a cada niña y niño y seguir su trayectoria, lo que les pasa en la realidad.
¿Cómo va la transformación educativa en México? Corre por varios planos y a velocidades diferentes. En Chiapas y Oaxaca muchos niños han perdido clases a lo largo del ciclo y centenares de maestros siguen sin poder tomar sus tareas en la adscripción de su nombramiento porque son amenazados por sus “compañeros”. Campeche, con un trabajo notable en comunidades dispersas; Sonora, con un avance ejemplar en formación inicial de docentes; Sinaloa y Jalisco, poniendo las bases de una estrategia de primera infancia, ejemplos que el gobierno federal bien haría en considerar.
Un elemento que ha cobrado cada vez más relevancia en la discusión educativa es el diagnóstico y propuesta sobre las Escuelas Normales. Es un acento, por ahora, todavía más discursivo que real, pero que va remontando la visión superficial o incluso desdeñosa sobre estas instituciones.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.