Uno de los elementos menos disputados –porque hay un consenso prácticamente universal de su valor– y menos conocido de la reforma en materia educativa, apenas promulgada, es el referido a la Primera Infancia.
Como ya se ido socializando en los diversos grupos sociales, la atención dedicada al desarrollo de los seres humanos en sus primeros años es crucial para su trayectoria vital posterior: no sólo los individuos quedan en gran vigor o en terrible desventaja por lo acontecido en esa etapa, sino que las comunidades mismas y el país como conjunto puede mirarse en ese grupo de edad. Pero el verdadero principio es: todos, desde nuestro día uno de vida, tenemos derecho al máximo despliegue de nuestro potencial.
En el cierre de fotografía, la carrera para aprobar una nueva reforma constitucional en materia educativa no se concretó -no se concertó- todavía.
Más allá de la anécdota –veraz o no- de senador/cenador, llama la atención que el PRI y el PRD, que en el Senado votaron el dictamen a favor en lo general, se pasaron a la negativa en lo particular. Así, el Senado como Cámara revisora lo devuelve a la Cámara de origen. Eso abre un plazo que llega al menos al 14 de mayo, fecha en la que citó para un periodo legislativo extraordinario.
Los propósitos clave de todo sistema de educación básica se enmarcan en la triple inclusión: estar, aprender y participar. Es decir, la fuerza y los recursos del Estado, el compromiso y las capacidades de los agentes educativos se orientan a que todas y todos estén incluidos en la escuela, que aprendan lo que quieren y necesitan y que participen activamente de su propio proceso de construcción personal y comunitaria.
Mientras se despliega el triste espectáculo de la Cámara Baja y la SEP mendigando acuerdos con las displicentes dirigencias de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), hay todavía tiempo para presentar reservas fundadas al dictamen para la reforma y adición a la Constitución en materia educativa.
Tras las audiencias de Parlamento Abierto, las comisiones de Educación y Puntos Constitucionales deberán presentar un dictamen al Pleno de la Cámara de Diputados, para recapitular los cambios propuestos al Artículo Tercero y otros que presentó el Ejecutivo en diciembre del año pasado.
Para abonar a la discusión, pedimos a un grupo de personas, ejemplares en su aporte a la sociedad, que dieran en video un testimonio muy puntual de qué significa para ellas y ellos haber ejercido su derecho a aprender, y por qué es importante que se haga referencia explícita al aprendizaje en la Constitución.
En la Constitución está plasmado, y es fruto de una lucha histórica, que la educación es un derecho. El enfoque de derechos, al que nuestra nación se sumó de propia voluntad al signar las convenciones internacionales, desde 2011 tuvo una aclaración necesaria: se modificó el Artículo Primero, para precisar que la Constitución no “otorga” derechos, sino que los reconoce, pues son anteriores y superiores a las leyes escritas, incluida la Ley Fundamental misma, e inseparables de las personas, irrenunciables. Además, se determinó que el “orden convencional” es materia constitucional, es decir, que pactos y tratados de derechos humanos deben funcionar en México como si fuesen parte de la Constitución.
Los cambios a la Constitución en materia educativa marcan rumbo, son brújula. No basta con que cambie el marco normativo, pues la transformación de fondo pasa en el aula y en el patio, en las familias y en las comunidades, pero sin claridad en las reglas no hay tino en el rumbo. Sin brújula nos perdemos.
¿Qué pensar del ejercicio? Yo digo: a) no sustituye el criterio y responsabilidad de los legisladores, b) no sustituye las consultas que corresponden según el orden constitucional y de las convenciones de derechos humanos y, c) son una nueva oportunidad de hacer visible la voluntad, de acuerdo en un tema absolutamente crucial para la justicia y prosperidad de la nación.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.