El debate educativo no termina porque la transformación educativa es permanente. Siendo ella misma un proceso de transformación –de despliegue permanente y progresivo de las potencialidades, de aprendizaje continuo- no puede ser estática su concepción, ni permanente o definitiva su traducción a prácticas e instituciones, su implementación como bien público.
Está por discutirse en la Cámara de Diputados la iniciativa que envió el Ejecutivo federal en diciembre pasado. En ella encuentro elementos de valor para continuar el avance de la transformación educativa en México y elementos de preocupación por lo que pudiera implicar retrocesos.
“¿Consultar a los niños? ¿Como para qué? ¿Qué nos pueden decir?” Esas tres preguntas seguidas, dichas en un solo tirón de aliento, me han lanzado en las últimas semanas un grupo increíblemente heterogéneo pero sorprendentemente amplio de adultos, incluidos respetables activistas de infancia, legisladores que revisarán el Artículo Tercero, funcionarios mayores de la actual SEP (no me imagino a sus predecesores mucho más sensibles), maestras, opinadores de alcurnia.
El inicio de año y el inicio de sexenio han sido imperdibles: estamos en arranques intensos, de grandes y significativos debates, que hacen que la vida pública no se estanque ni dé cabida a la rutina. Y aquí viene uno de los debates que mayor atención amerita: debe impedirse que se pierda responsabilidad, visibilidad, profesionalidad, atribuciones legales y presupuestos destinados al inicio del desarrollo de niñas y niños en México.
AMLO presentó este 12 de diciembre una iniciativa de reforma constitucional; la de Diputados fue la Cámara receptora, y se turnó a comisiones para ser estudiada. Los legisladores pueden proponer ajustes y adiciones, y aún no es claro si un dictamen consolidado se alcanzará antes de que concluya el presente periodo de sesiones.
Esta semana se cumplieron los 70 años de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es uno de los triunfos civilizatorios más trascendentes y de más profundas consecuencias de la historia. El diálogo entre ideologías distanciadas y culturas de enorme diversidad ha encontrado un campo común en estos contenidos mínimos de ética universal y ciudadana.
En esta misma semana tuve una larga conversación con un supervisor de un estado del norte del país. Es héroe de mil batallas: más de quince años de servicio, siempre en escuelas de arreglo multigrado en la zona desértica de su estado; multipremiado por sus prácticas como docente, logró su promoción a director y luego a supervisor por la vía del concurso. Me consta el aprecio de las comunidades que ha servido y el reconocimiento como profesional que le profesan sus compañeros maestros.
Además de lo que ya está bien identificado para seguir transformando la educación obligatoria -es decir, la infraestructura, los programas, los materiales, la organización de las escuelas y sobre todo lo que se requiere para la dignificación y el aprendizaje profesional de docentes y directivos, desde preescolar hasta media superior- es imprescindible en esta etapa que también se desarrollen políticas sólidas de equidad y de inclusión en los dos extremos de las trayectorias ideales.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.