Curiosamente, al amanecer un pajarillo posado en mi ventana me despertó con un dulce trino, recordándome que soy un intruso. Esta inesperada visita me empujó a escribir este artículo desde mi peruanidad. En nombre de la modernidad, hemos demolido sus casas verdes, reemplazándolos con edificios que simbolizan nuestro rimbombante progreso. Disfrutamos de la vida y las aves, antes dueñas de los árboles, ahora son apenas sobrevivientes y forasteros que a veces se dejan ver en las grandes ciudades como en la mañana de hoy.
Hace años que, desde cualquier punto del planeta, se puede reconocer la problemática ambiental en la que estamos inmersos. Esto dio origen a la Educación para la Conservación, misma que se enfoca en la conservación de los ‘recursos básicos’, en la naturaleza.
La Tierra, nuestro planeta, ha sido concebida de múltiples maneras a lo largo del tiempo por las diferentes culturas. Hoy en día, aprendemos sobre la Tierra en la escuela en asignaturas específicas – como Ciencias Naturales o Geografía – generalmente concibiéndola como "un sistema físico muerto inanimado”, como lo plantea Carolyn Merchant en su libro “La muerte de la naturaleza” traducido al español en 2023.
Por mi origen profesional como arquitecto tengo muy claro que los seres humanos, sobre todo a partir de la modernidad, hemos reducido el concepto de habitar a la construcción de casas, edificios y gigantescas urbanizaciones donde algunos millones de seres humanos -porque otros no tienen ni siquiera el acceso a una casa- llevan a cabo sus tareas cotidianas para sobrevivir.
El cambio climático, provocado por el excesivo consumo de carbono por parte de los países más industrializados, pone en peligro la existencia de la humanidad. Con el propósito de prevenir esta posible catástrofe, además de los compromisos y financiamientos, se requiere una innovación en la forma en que educamos a los individuos en el sistema educativo de todos los países, ya que este problema ambiental no tiene fronteras y demanda una acción global de cada ciudadano.
De acuerdo con numerosos expertos, estoy convencido de que la educación desempeña un papel fundamental en la batalla contra el cambio climático. Más allá de las discusiones teóricas, esta cultura ambientalista implica actuar en colectivos para salvaguardar el planeta.
La Cámara de Senadores aprobó un dictamen para que se promueva la incorporación de contenidos de desarrollo sustentable, mitigación, adaptación y reducción de la vulnerabilidad al cambio climático y protección del ambiente, en los diversos ciclos educativos, especialmente en el nivel básico.
"Uno de los problemas mas significativos y estratégicos para el siglo XXI es el tema ambiental y particularmente el calentamiento atmosférico que es lo que esta ocasionando serias variaciones climáticas", afirma Rafael Loyola Díaz.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.