La reforma educativa de 2013 acotó la participación del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en asuntos educativos —aunque no de forma total, menos en la política de la carrera docente— con el argumento de que eran los responsables del control de las plazas docentes y de los bajos logros de aprendizaje.
Se acerca el 15 de mayo y con ello la celebración del Día del maestro en nuestro país; como ya es una costumbre, ese día con bombo y platillo se anunciará un “fabuloso incremento salarial” y mejoras laborales y profesionales para todos los trabajadores de la educación. Desde luego, las palmas de los tradicionales aplaudidores sindicales no se harán esperar y con sonrisas de ojera a ojera, sabedores de que gozarán de las mieles de Senado en próximas fechas, se pondrán, una vez más, a los pies del presidente de la República.
La formación docente es un pilar fundamental para una mejor educación y un mejor desarrollo de nuestra sociedad. Los docentes son los facilitadores del aprendizaje, los guías que encienden la chispa del conocimiento en las mentes de los estudiantes. Su papel va más allá de impartir contenidos; son modelos a seguir, mentores y defensores de los derechos y valores fundamentales.
Enseñar a leer a los niños de seis y siete años exige trabajar directamente con textos: qué dicen los textos, cómo lo dicen, qué significan y cómo se vinculan con otros textos en el contexto de actividades de aprendizaje complejas. Esta es la parte medular que está ausente de las secuencias didácticas de los nuevos materiales de la SEP para los primeros grados de la educación primaria.
La estrategia de formación de los maestros en servicio y de los que se van a incorporar las aulas es una de las grandes deudas de la Reforma Educativa que implementa la Secretaría de Educación Pública (SEP), señala el académico Pedro Flores - Crespo.
Si el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, en verdad quiere hacer una contribución valiosa al sector, tendrá que imaginar y proponer la reforma necesaria — no la posible— de los centros y de las estrategias de formación y actualización docente.
Para el 2016 se avecinan cambios al sistema educativo, entre los que destacan un mayor impulso y presupuesto a la profesionalización docente; la presentación de los nuevos modelos educativos; cambios al calendario escolar; así como la reestructuración interna de la SEP.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.