La pandemia del COVID19 ha traído innumerables cambios en los ámbitos de la salud, la comunidad, la familia y la educación, por señalar sólo unos pocos. Un fenómeno que el GIESuC, junto con otros colectivos de académicos, ha atendido es el de los cambios en la rutina diaria de los actores de la educación superior: estudiantes, profesores y directivos, así como las reacciones de madres y padres de familia ante los cambios que tuvieron que realizar para hacer frente a la pandemia. Los reportes se pueden consultar en la página web https://www.giesuc.org/
La experiencia de los estudiantes universitarios en la segunda mitad del semestre de primavera 2020 ha sido difícil. Ante la declaración de pandemia por la Organización Mundial de la Salud y la orden de suspender actividades por parte del gobierno federal y los gobiernos estatales, las Instituciones de Educación Superior (IES) se vieron obligadas a trasladar su docencia de forma abrupta y emergente de lo presencial a una modalidad que se ha venido llamando “virtual” de manera amplia. Esto significó que profesores e instituciones tuvieron aproximadamente una semana para “migrar” los cursos. Esto a su vez representó que los estudiantes tuvieron unos cuantos días para prepararse en vistas a una modalidad educativa que no tenían contemplada y una rutina de trabajo mayormente desconocida.
Nadie lo esperaba ni estaba preparado. Tanto las instituciones como los profesores tuvieron, literalmente, unos cuantos días para trasladar su(s) cursos de un planteamiento presencial a uno de emergencia que se ha venido llamando “virtual”.
Han pasado ya seis semanas desde que las instituciones de educación superior (IES), como parte del sistema educativo nacional, se vieron forzadas a trasladar su docencia de la modalidad presencial a la virtualidad. La mayor parte de las IES comenzó a ofrecer sus clases de manera virtual el 23 de marzo tras un periodo francamente breve de preparación para “migrar” los cursos.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.