Después de más de año y medio de no asomar la cabeza más que para decir que los trabajadores de la educación deberían de regresar a las aulas porque, para eso nos pagan, Alfonso Cepeda Salas y el Comité Ejecutivo Nacional han empezado a llevar a cabo elecciones en varios estados. Desde enero de 2020 se publicó un reglamento que a todas luces es discriminatorio de sus agremiados, ya que un poco más del 80 % no podrán participar para ser Secretarios Generales en sus secciones y al parecer esto no va a cambiar hasta llegar al 2024 cuando acabe el período de Cepeda, en ese escenario la cosa está peor, solamente podrán aspirar a ser dirigentes nacionales un muy reducido grupúsculo de personajes totalmente afines a la dirigencia actual.
Muchos años después de haber llevado a cabo la última etapa de incorporación y promoción del Programa de Carrera Magisterial, nace el Programa de Promoción Horizontal por Niveles con Incentivos, entre ambos programas existió uno denominado Programa de Promoción en la Función por Incentivos de la era de Peña Nieto, que a decir verdad, en términos reales no funciono como un programa, dado que solamente vincularon la evaluación de permanencia a su funcionamiento, es decir, si te iba bien en dicha evaluación en automático te asignaban un incentivo y si no, pues no.
Con miras a los próximos procesos de cambios de dirigencias sindicales en el SNTE, empiezan a moverse en el magisterio los vientos de cambio, muchos de los colectivos magisteriales alcanzan a vislumbrar un próximo proceso de elecciones tanto en sus secciones como en el comité nacional. Parece que el ansiado proceso de cambio de Alfonso Cepeda Salas es un hecho, lo anterior trae como resultado un abanico de posibilidades para quienes aspiramos a un sindicalismo diferente, uno que tenga presencia real y que sea un instrumento de verdadera defensa de los derechos de los trabajadores, las diferentes facciones empiezan a preparar sus piezas para enfrentar dichos procesos, procuraré con base a lo que puedo observar cómo están conformándose los diferentes grupos en el magisterio.
No sé ustedes, pero desde que el coronavirus apareció, nuestro entorno se llenó por completo de ese virus, las pláticas con la familia, con los amigos, en las redes sociales, la televisión y la radio giran casi en su totalidad acerca de él. Nuestro espacio público está completamente desbordado por el tema.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.