n fechas recientes se han expresado en redes sociales y en otros medios de comunicación diferentes opiniones sobre lo que implica usar las palabras de otros en un trabajo propio sin hacer el reconocimiento de la obra o el autor original. Sin embargo, tenemos que reconocer que copiar es una práctica aceptada e, incluso, promovida por la propia escuela en los niveles básico y medio (e inclusive, en el nivel superior). Consideramos que, en parte, esto es así porque a menudo las prácticas educativas en el salón de clase se sustentan en una idea del aprendizaje y la enseñanza basada en la transmisión (y adquisición) de conceptos y en una tradición didáctica que favorece más el transmitir los contenidos curriculares y el cumplir con las tareas asignadas que la construcción del conocimiento, su representación, la apropiación de discursos y la producción escrita propia. Es en este escenario en donde se promueven prácticas textuales basadas en la reproducción de los escritos ajenos: por ejemplo cuando los alumnos deben encontrar información o copiar una definición, poner su nombre en su hoja y entregarla; o cuando entregan “trabajos de investigación” copiados de diferentes fuentes, muchas veces sin explicaciones, sin articulaciones propias y sin citas. Los maestros los reciben, los aceptan, los evalúan y aprueban a los alumnos.
En el esquema educativo tradicional, la responsabilidad principal del alumno es seguir las instrucciones de un maestro, memorizar contenidos y realizar ejercicios acotados, pero la escuela debe reorganizar sus esquemas para cumplir con su objetivo, señala la investigadora Judith Kalman.
El viejo modelo escolar en que los alumnos acuden a un centro a recibir información de un maestro ha quedado rebasado y debe ser sustituido por uno más reflexivo, asegura Cathy Davidson.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.