No lo sé de cierto, pero me dicen los que han andado por los laberintos de la Secretaría de Educación Pública que, además del famoso escritorio de Vasconcelos, en la oficina del secretario hay una ventana muy peculiar: no da a la calle, sino a una plaza imaginaria que permite ver al magisterio nacional. Si como dice Piaget: “uno no sabe lo que ve, sino ve lo que sabe”, la imagen del inmenso conjunto de docentes y trabajadores asociados a las tareas del aprendizaje en el país, está condicionada por quien mira y, entones, la percepción resultante no es ajena, sino posible, a partir de los juicios previos de quienes observan. En 2012, las élites políticas y económicas –a las que siempre acompañaron la mayoría de los medios de comunicación– se reunieron para tener acceso al ventanal.
Si millones están privados de un bien o servicio, establecido en la Constitución como derecho para todos los mexicanos, es imprescindible actuar para resolverlo. Exigencia política: cumplir la ley, e imperativo ético de un gobierno que se comprometió a que sus acciones estarían guiadas por la equidad, reflejada en la inclusión plena de los excluidos, de los que durante muchas décadas fueron invisibles o considerados, por las élites soberbias, rémora para el desarrollo del país, salvo que se unieran a la concentración de la riqueza en unos cuantos, inaceptable, como mano de obra ni siquiera barata: cuasi gratuita. Si se trata de un imperativo, una obligación que consta en la ley y es jurídicamente vinculante, no optativa, se abren, a mi entender, dos enfoques: el que se orienta desde la noción de las carencias, o el que encara el problema a partir de la concepción de los derechos
La Reforma Educativa de la actual administración o, más bien, las adiciones, ajustes y modificaciones realizadas al artículo 3º. y aledaños que en 2013 realizó el Pacto por México, ha sido promulgada.
¿Cambio y permanencia? Sí. A ninguno de los extremos, creo, le asiste la razón: ni a quienes dicen que todo ha cambiado y entramos a la nueva historia, ni a los que arman que es la misma reforma, idéntica, con otras formas de decir lo mismo.
La incierta situación que se vive en cuanto a la Reforma Educativa, más allá de los vericuetos legislativos que enfrenta, tiene, a mi juicio, su origen en las características de la propuesta que el equipo de educación del presidente López Obrador elaboró, él hizo suya y la envió a la Cámara de Diputados el 12 de diciembre de 2018.
El Artículo Tercero de la Constitución mexicana se “torció” cuando se le introdujo contenido laboral y administrativo en el reforma de 2013, de acuerdo con el análisis de Manuel Gil Antón, profesor investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México.
Gil Antón dictó la conferencia magistral Reformas Educativas: Cambio y Continuidad entre 2013 y 2019, dentro del Tercer Congreso Nacional de Investigación sobre Educación Normal (CONISEN), realizado del 9 al 12 de abril en Playas de Rosarito, Baja California, donde sostuvo que los verdaderos profesionales de la educación son los normalistas, al contar con la formación pedagógica.
El investigador hizo un recorrido rápido por el Artículo Tercero desde 1917 a la fecha, pasando por las adecuaciones de 1934, que dictaban una educación socialista; las de 1946, que establecían el desarrollo armónico de todas las capacidades del hombre; los cambios de 1980, cuando se señalaron las atribuciones de las instituciones autónomas; la inclusión de la secundaria como educación obligatoria en 1993 y del preescolar en 2002; la inserción de los derechos humanos en 2011; la obligatoriedad de la educación media superior en 2012, y el Pacto por México en 2013, donde el 62% del contenido fue administrativo y laboral, contra 38% de lo que tiene que ser un artículo constitucional.
¡Óigame compay! No deje el camino por coger la vereda. Este refrán, muy popular desde que el Buena Vista Social Club lo incluyó en su repertorio, advierte el riesgo de tomar el sendero corto para no caminar por la senda trazada. El camino es largo en comparación con el atajo, y lleva más tiempo transitarlo, aunque es seguro.
El estribillo de la canción de Ibrahim Ferrer resulta útil para entender, más allá de la coyuntura, la razón por la cual estamos en una situación de incertidumbre en cuanto a la nueva redacción del Artículo tercero constitucional. La reforma educativa que impulsó el presidente Peña Nieto, optó por tomar el “paso exprés” con el n de resolver, desde su perspectiva, los problemas educativos. Vamos por ahí más rápido. Urge. Con lo que no contaban era con el socavón derivado de poner primero el pavimento y luego el drenaje.
A pesar de la atracción que genera tratar de dilucidar lo que sucederá con la iniciativa de cambios al artículo Tercero Constitucional, aledaños y conexos, conviene ampliar la mirada para ubicar la coyuntura en una perspectiva histórica que, quizá, contribuya a comprender por qué estamos donde estamos en el debate actual. Si analizamos lo ocurrido con las reformas al artículo 3o. a partir de 1917, hallaremos cuándo el texto constitucional se salió de madre —del cauce natural donde expresar el proyecto educativo del Estado y sus normas generales— y se convirtió en un espacio para meter todo, para resolver todo, y dejarlo atado y bien atado.
Todos los años, cuando nos sorprenden las primeras que vemos en la ciudad, parecen adelantadas. Igual que los mangos: ¿a poco ya es tiempo de ver los camiones banqueteros que los ofrecen a buen precio? Las jacarandas, decimos, brotaron a destiempo: como el calor de estos días todavía de invierno. En realidad, ofrecen cuando se les da la gana y le dan color al gris porque así lo deciden. Y los mangos que han de haber llegado algún día de Manila, de las lejanas Filipinas, arriban a las manos, bocas y mesas porque maduraron cuando así sucedió, no antes ni luego.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.