Ahora estamos en tiempos de informes de gobierno, previo a los informes se lanzan spots sobre lo supuestamente realizado, bajo este contexto es que escuchamos al presidente de la República hablando de los logros, y de las “promesas cumplidas”. No veo mucha diferencia entre AMLO y Peña Nieto en cuanto al estilo de hacer uso y abuso de los mensajes mediáticos para dar a conocer los supuestos avances en el ámbito de gobierno.
El engranaje del cambio camina lento pero camina, se trata de desmantelar los excesos de una propuesta devastadora (la Reforma de Peña) para consensuar y poder llegar a un pacto educativo entre las partes, entre casi todas las partes. La Nueva Escuela Mexicana (NEM) será el menú pedagógico que tanto los docentes como la sociedad comeremos durante este sexenio. La NEM, se ha diseñado poco a poco, parece que no llevan prisa sus artífices, se abren procesos y quedan abiertos por un largo tiempo, la NEM le apuesta mucho a las propuestas y opiniones de la gente (principalmente de los docentes e investigadores) y ahí va caminando, lento pero seguro.
Hace un par de semanas asistí a un seminario en donde se debatía los retos y el escenario de la reforma educativa de López Obrador, con las intenciones y la realidad educativa del presente.
En dicho seminario hubo un colega investigador de la UAM, de nombre Isaac Reygadas, que hablaba acerca de la inercia y de la cultura del magisterio para recibir (apoyar o no) cualquier iniciativa de cambio.
En ese punto quisieras detenerme. Si bien toda iniciativa de reforma educativa tiene al magisterio como uno de los pilares más importantes para garantizar el éxito o en su caso el fracaso de dicha iniciativa. La situación actual dentro de la cual vivimos (sigo en el magisterio), da cuenta de un gremio, el cual vive fracturado o escindido debido a los diversos proyectos de la historia reciente que han influido negativamente en su interior.
El ciclo escolar 2019 – 2020 está por arrancar, las escuelas se preparan, los docentes han asistido a una serie de cursos con la intención de conocer los contenidos y las orientaciones de lo que será el nuevo modelo o la nueva propuesta de trabajo llamada a nivel nacional “Nueva escuela mexicana”.
Estamos ante la etapa N de la reforma educativa, su propuesta y los diversos análisis, discusiones y elaboraciones en torno a la misma se han tornado en lugares comunes. Requerimos leer de mejor manera lo que subyace en torno a la reforma educativa en sus versiones 2013, 2016, 2018 y 2019.
En este año 2019 se cumplen 60 años de la creación de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG), muchos mexicanos y mexicanas fuimos alfabetizados y nuestra primera puerta con la cultura fue a través de los libros de texto que cada año nos obsequiaba la SEP. De primero a sexto de primaria por área o asignatura después se sumó el preescolar y en los últimos años se ha incorporado la educación secundaria.
Las excelentes notas a modo de crónicas de Erick Juárez (EF), nos muestran un panorama en el seno de la SEP de cambios que están a la orden del día: cambios en las personas (Educación Básica), cambios en la legislación y cambios en la orientación política, de todo ello también se reconoce que de contar con organismos ciudadanos (como fue el caso del INEE) ahora pasamos a la conformación de organismos que pretenden equilibrios partidistas.
Ha iniciado el proceso de consulta para construir y acordar las leyes secundarias de la reforma educativa aprobada hace algunos meses. En dicha consulta se puede participar de manera directa en los Foros de consulta y de manera indirecta en las distintas instancias de la plataforma digital diseñada para tal efecto. En todo ello, lo que se coloca en el centro es el curso de acción que tendrá o debiera tener una reforma que pretende (al menos en sus declaraciones), superar los contenidos y los excesos en el procedimiento de la reforma anterior de Enrique Peña.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.