Hace unos días fue invitado por la Dirección y la comunidad académica de la ENSJ el Dr. Andrés Pollmann a dictar una conferencia y establecer un diálogo informado con parte de la comunidad académica de algunas instituciones educativas de la SEJ. Dicho personaje es alemán de nacimiento, se doctoró en Inglaterra, vivió en Franca y se casó con una mexicana originaria del sureste y trabaja actualmente en el ISSUE de la UNAM. El compartió los resultados de una encuesta aplicada a estudiantes de la Escuela Normal Superior de México con respecto a la educación indígena e interculturalidad.
Crisis y educación han sido dos conceptos que se han asociado y han caminado en paralelo en los últimos años. Crisis de la educación, educación de la crisis. Bajo dicha intersección conceptual puede decirse que hemos sido testigos de una serie de cambios y recambios del llamado movimiento pedagógico contemporáneo.
Como parte del estilo personal que he asumido para hacer investigación, y en dicha tarea en donde fusiono a academia y la profesionalidad, me gusta mucho propiciar el hecho de que circule la palabra, escuchar las diversas voces aun las discordantes, las que están y no están de acuerdo, en todo ello las voces de los niños y niñas, docentes, asesores de escuelas, directores, padres y madres de familia son importantes, pero dichas voces paradójicamente no las encuentro en mal llamado Nuevo Modelo Educativo
Recientemente ha aparecido el número 1 de la revista Reformas y Políticas Educativas (RPE), revista trimestral editada por el Fondo de Cultura Económica (FCE). De dicho número me llamó la atención el artículo titulado ¿Qué tan útiles son las experiencias de los Sistemas Educativos de Alto Desempeño? De Wong Ee Lee, Ee Long Lo y Sin Kong Lee. En dicho artículo se trata de vincular la experiencia acumulada de los sistemas educativos llamados de alto desempeño con lo que otros autores les llaman “sistemas exitosos” con relación a los que no lo son.
Hace muchos años un clásico del marxismo llamado León Trotsky, citado por un brillante colega llamado Daniel Molina de Punto Crítico decía (palabras más palabras menos), que “Existen momentos en la historia en donde pueden pasar veinte años pero el desarrollo y las cosas no avanzan ni veinte minutos. Pero hay otros momentos como el que ahora vivimos que en veinte minutos avanzamos mucho más de lo que hemos logrado en veinte años”.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.