Las escuelas y su comunidad son nuestro nodo social. Lo hemos estado viviendo ya por once meses, lo supimos desde antes. A las niñas, niños y adolescentes les debemos más que un año de escuela perdido. La deuda consta de entornos de cuidado, juego y aprendizaje armónicos y seguros, de ejercer su derecho a una vida digna. ¿A qué escuela queremos que regresen?
La actual crisis provocada por la COVID 19 y el impacto del cambio climático nos plantea cómo debemos educar a las niñas, niños y jóvenes para enfrentar el contexto actual. La propuesta es la formación de ciudadanos globales con un enfoque de compasión y cuidado.
Es frecuente tener noticias sobre lo que no funciona en el sector educativo o decir que las y los jóvenes se van de la escuela porque no tienen ganas de estudiar, e incluso conocer historias de estudiantes que dejan la escuela por estar embarazadas. ¿Y qué tomaría para cambiar lo que es tan frecuente?
El regreso a clases presenciales en América Latina y el Caribe requerirá de recursos adicionales, así como mejorar su distribución. Las enormes desigualdades para el regreso presencial a clases ponen en foco la necesidad de incorporar criterios de equidad y de priorización de poblaciones vulnerables.
En las últimas décadas se han realizado grandes esfuerzos nacionales e internacionales para lograr una mayor participación de mujeres en carreras de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés). La ONU reconoció desde mediados de los noventa los sesgos de género existentes en planes y programas de estudio de ciencias, y la baja participación de las mujeres en estas áreas. Por ello planteó aumentar el acceso de mujeres a las ciencias y la tecnología, como una de las prioridades de la plataforma de acción de Beijing (1995).
Con motivo del día Internacional de la Alfabetización, la oficina de UNESCO en Paris publicó este año el documento “Background paper on Youth and adult literacy in the time of COVID-19. Impacts and revelations”. Para este fin, encargó la elaboración de informes de las diferentes regiones (los Países Árabes, Asia y el Pacífico, Europa y América del Norte y América Latina y el Caribe) en relación con el tema, antes y durante la pandemia de COVID-19. Aprovecho este espacio para presentar algunas conclusiones del retrato de América Latina y el Caribe (ALyC) que preparé junto con Judith Kalman para dicho documento.
Asegurar la agencia y la participación activa de las jóvenes mujeres, sobre todo las en contextos más desfavorecidos, significa garantizar que puedan aprovechar oportunidades de desarrollo y participación en los múltiples espacios que habitan. Mejorar las posibilidades educativas para las jóvenes mujeres en el sistema educativo es paso imprescindible, pero insuficiente para su plena participación en la sociedad.
Mi participación en la Red comenzó en marzo pasado, justo cuando nos vimos en la necesidad de aislarnos, guardarnos en casa, debido a la pandemia por Covid-19. Aunque el lanzamiento oficial de la Mujeres Unidas por la Educación se hizo en abril, de manera virtual, el grupo de trabajo, con sus primeras integrantes comenzó a reunirse a finales de 2019. Entonces, nadie imaginaba lo que pasaría tan solo unos meses después, ni mucho menos, que tardaríamos tanto tiempo en volver a vernos, a abrazarnos… a retornar a esa nueva normalidad tan anhelada. La vida nos ha cambiado a todas. El desempleo y la incertidumbre económica rondan en miles de hogares, sumado al duelo por la pérdida de familiares y amigos.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.