Ahora que estamos en temporada de huracanes, vale la pena hacer el recuento de lo que alguno de estos fenómenos naturales nos trajo. A veces es sólo agua que humedece el terreno, en ocasiones son vientos que dañan o incluso, en otras, el saldo consiste en cosas inservibles que bloquean los caminos. A cinco años de la instrumentación del conjunto de normas que conocimos como la Reforma educativa, es prudente hacer un corte y analizar brevemente lo que este fenómeno nos dejó.
Entre México y Colombia se pueden encontrar muchas coincidencias. En ambas naciones existen contrastes importantes entre los asentamientos urbanos y rurales y, como también sucede en otros países de la región, los segundos enfrentan retos particulares de ausencia de infraestructura, inseguridad, pobreza y falta de oportunidades de desarrollo laboral. Además, los estudiantes rurales suelen tener menos acceso a oportunidades educativas y menores logros académicos que sus pares de zonas urbanas, sobre todo en los niveles de educación inicial y preescolar, así como en educación media o bachillerato (OCDE, 2016; INEE, 2017).
Es indudable constatar la realidad del Sistema Educativo de Chile en cuanto a su diseño, caracterizado por una enseñanza asignaturista, para cursos simples, y donde lo que prima es un currículo prescrito muy centralizado y poco pertinente a contextos de diversidad, como el caso de la escuela rural con aulas multigrado. Esta realidad implica, por cierto, la aplicación de un modelo urbano a la escuela rural, donde muchas veces, los y las docentes que desarrollan su tarea educativa en estos contextos tienen una sobre-carga pedagógica que no se compara con los que trabajan en escuelas urbanas (Mandujano 2006; Salazar, 2014).
Actualmente, Cuba es la única nación latinoamericana donde todos los niños y adolescentes no se sienten abandonados a su suerte y pueden asistir a establecimientos escolares, independiente de su origen social. En particular, las escuelas rurales multigrado reciben por parte del Estado una atención particular a partir de sus características, como la lejanía a las ciudades o ubicación en zonas montañosas e intrincadas, de costas y playas, de forma tal que no se establece una diferenciación en la dotación de recursos con respecto a la escuela de la ciudad, como sí ocurre en muchas regiones de América Latina.
A inicios de 2013, a través de un decreto presidencial, se realizó una reforma al artículo tercero constitucional, lo que devendría en el punto de partida y sustento jurídico de la Reforma Educativa que desde entonces ha generado tantos desacuerdos, tensiones y encontronazos en el sistema educativo, sobre todo, entre las y los docentes y las autoridades educativas.
La educación rural en Chile incluye a las escuelas básicas multigrado y con primaria completa, educación secundaria de carácter técnico-profesional, educación de jóvenes y adultos en zonas rurales, educación comunitaria y educomunicación, y es parte inherente y activa de los territorios en que se emplazan. La escuela rural no tiene “entorno”, no tiene “contexto”, no tiene “medio”: ella es parte de ese mismo territorio en un entrelazado de vínculos y relaciones de mutua dependencia que no permite discriminar límites fijos o nítidos.
A propósito del proceso electoral que se lleva a cabo en nuestro país, este año 2018 trae consigo el relevo político presidencial en otros países latinoamericanos como Costa Rica, Paraguay y Colombia. Si bien el contexto nacional y sistema educativo de cada país marca claras diferencias en el panorama de la educación, se observan problemáticas comunes, por mencionar algunas, México y Colombia se encuentran en el 33º y 34º lugares (respectivamente) de 35 países de la OCDE en el indicador de gasto anual en instituciones educativas por estudiante. Muy por debajo de la media y resaltando que el 60% de ese gasto, es destinado a egresos administrativos y burocráticos (Fundación Santillana, 2018).
Con la Reforma Educativa del año 2013 se realizaron cambios sustanciales a los procesos de ingreso, promoción y permanencia de los profesores de educación básica y media superior. Dicha Reforma no ha estado exenta de cuestionamientos e incluso oposición, entre otras razones, por desarrollar “medidas punitivas” hacia el magisterio. Es decir, por las consecuencias laborales, como la pérdida del empleo o el no acceso a estímulos salariales, de acuerdo a los resultados obtenidos en la evaluación del desempeño docente.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.