Derivado de los cambios constitucionales que se realizaron a principio de este sexenio en materia educativa, quedó explícito en el artículo tercero constitucional que las y los profesores “tendrán derecho de acceder a un sistema integral de formación, capacitación y de actualización retroalimentado por evaluaciones diagnósticas, para cumplir los objetivos y propósitos del Sistema Educativo Nacional” (Art. 3°). Esto representa el reconocimiento de la formación continua de los profesores como aspecto fundamental para la mejora de la educación formal; no obstante, hacerlo explícito en la Constitución es sólo el primer paso.
En el análisis de las distintas líneas de acción interesa el diseño y hechura de la política educativa, la forma como se comunica y los significados que construyen los actores educativos desde una perspectiva sociohistórica, en el entendido de que esto permitirá visibilizar las continuidades, discontinuidades y rupturas de las políticas educativas en México. También interesa recuperar las experiencias de otros países y regiones del mundo que puedan dar luz a las acciones educativas, con especial énfasis en las poblaciones en situación de vulnerabilidad.
Con la inquietud de contribuir a la configuración del perfil de desempeño docente para la escuela rural, se realizó una revisión a la literatura para indagar sobre los conocimientos profesionales que debe tener todo educador en esos contextos.
El Observatorio del Derecho a la Educación y la Justicia (ODEJ) es una plataforma para el pronunciamiento público, impulsado por el Campo Estratégico en Modelos y Políticas Educativas del Sistema Universitario Jesuita (SUJ). Su propósito consiste en la construcción de un espacio de análisis informado y de posicionamiento crítico de las políticas y las reformas educativas en México y América Latina, arraigado en la realidad social acerca de las injusticias del sistema educativo, y recupera temas coyunturales y estructurales con relación a la agenda educativa vigente.
La pandemia provocada por el Covid-19 reconfiguró la vida de la humanidad en lo global y en lo local; las interacciones sociales en diversos espacios se interrumpieron. En México, la institución escolar fue una de las primeras en reaccionar, con el cierre de alrededor de 274 mil escuelas que atienden a poco más de 33 millones de estudiantes en todos los niveles educativos y donde trabajan cerca de dos millones de maestros. Como es por todos sabido, esta situación agudizó aún más las ya de por sí enormes brechas educativas y tecnológicas, que afectan de manera más aguda a los sectores de mayor vulnerabilidad, en particular de las zonas rurales del país.
Tras más de 40 años, el pasado 20 abril se publicó en el Diario Oficial de la Federación la nueva Ley General de Educación Superior (LGES) (DOF, 2021), que sustituye a la Ley para la Coordinación de la Educación Superior de 1978. Este hecho en sí mismo es de celebrarse, dada la patente necesidad de reformar una ley que quedaba corta y fuera de contexto ante las actuales circunstancias de la educación superior.
Entre otras circunstancias, el descontento generalizado de la población rural por al carácter centralizado de la Ley General de Educación de 1994 y las marchas campesinas que reclamaron mayor atención a las necesidades sociales de este segmento de la población, contribuyeron a que en 2000 (y durante casi 10 años) el Ministerio de Educación Nacional implementara el Proyecto de Educación Rural (PER), el cual articuló nueve programas educativos flexibles para responder a las variadas necesidades de la población rural colombiana. Los costos de la iniciativa alcanzaron la cifra de 120 millones de dólares, de los cuales el Banco Mundial aportó 50%, el Gobierno Nacional 37% y las Administraciones Municipales beneficiadas el 13% restante (Rodríguez, Sánchez y Armenta, 2007). En la siguiente tabla se pueden apreciar los programas articuladores de este proyecto.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.