Es la primera vez en dos décadas que, siendo docente de tele-secundaria, dispongo de una televisión inteligente y un decodificador de señal para la programación de educación a distancia (EDUSAT), aunque sin internet wifi y con dificultades para acceder a la red insostenible del móvil personal. En ninguno de los centros escolares he contado con una computadora para uso pedagógico; por supuesto, no soy la excepción de los profesores y las escuelas rurales, más bien parece la regla.
Hace unas semanas, la ONU publicó un informe sobre el progreso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en el que se lee una sentencia lapidaria: “el mundo les está fallando a las niñas y a las mujeres”. El documento advierte diversos obstáculos no solo para combatir la desigualdad de género en todos los ámbitos, sino para diagnosticarlo correctamente y diseñar políticas públicas acertadas que beneficien a todas y todos.
En septiembre de 2015, 193 países se comprometieron a “transformar nuestro mundo” adoptando una agenda transformadora, ambiciosa, integral, indivisible y universal. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (en adelante la Agenda 2030) constituye una hoja de ruta conformada por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas conexas que todos los países deberán alcanzar con el propósito de erradicar la pobreza, proteger al planeta y propiciar sociedades inclusivas, bajo el principio de no dejar a nadie atrás [1].
Como profesor, desde mi vereda pedagógica, observo una espantosa incapacidad de dialogar para resolver los problemas del Perú, lo que ha contribuido a profundizar las brechas sociales y perpetuar los conflictos.
Desde 1999, cada 12 de agosto, celebramos el Día Internacional de la Juventud. Es un espacio de reflexión sobre los desafíos, las frustraciones y los sueños que afrontan este batallón repleto de adrenalinas y esperanzas.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.