Al participar en un sondeo sobre quehacer académico, un grupo de estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) en México respondió, entre otras cosas, que si les explicáramos mejor qué quieren que aprendan, podrían tener un mejor aprovechamiento escolar durante esta contingencia.
Así como el mundo ansía la llegada de una vacuna contra el virus que causó el cierre de nuestras escuelas y universidades, algunos también deseamos la construcción de mejores capacidades directivas y gubernamentales para abrirlas.
En el campo educativo, en contraste con los sectores de salud y economía, aún carecemos de un plan o estrategia que integre coherentemente las múltiples propuestas para contrarrestar los efectos de la clausura escolar, la pérdida de aprendizajes y la interrupción súbita de trayectorias académicas. La política educativa de México sigue desarrollándose bajo un estilo de gobierno unipersonal, centralista y poco fundamentado en términos científicos, lo que en parte genera fallas e improvisación. Me refiero —específicamente — a los inadecuados horarios de clases por televisión previstos para niños de preescolar, al sesgo de información en los contenidos curriculares para secundaria, a la creciente burocratización y control real del trabajo virtual, pero aún más grave: a la vaguedad para replantear los objetivos para aprender ante la incierta y cambiante realidad educativa del país y del mundo. Estamos, sin lugar a dudas, ante una situación grave para el sistema educativo nacional y, por eso, es momento de pensar razonada y conjuntamente cómo salir de esta nueva crisis.
Como es natural en una democracia, varios hemos cuestionado abiertamente la manera en que el Gobierno Federal actúa para formular las políticas públicas y los programas sociales o educativos. Pero también, al tener independencia, algunos hemos tenido la libertad de coincidir con ciertos objetivos que persigue la actual administración encabezada por Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Estos objetivos son el combate a la desigualdad, por un lado y la erradicación de la “peste” de la corrupción, por el otro.
La reflexión ha sido aguijoneada por la pérdida de la normalidad. Si algo positivo tienen estos aciagos días es forzarnos a pensar en cosas que dábamos por sentado o que simplemente, no mirábamos.
Los maestros sabemos que cuando clasificamos algún fenómeno político o social (Brexit), etiquetamos a alguna corriente del pensamiento (izquierda) o asignamos una determinada denominación a algún personaje (conservador) estamos tratando de ser, por un lado, didácticos pero también por otro, somos arbitrarios y simplistas.
Creo que la responsabilidad central de la universidad pública es cultivar y defender la verdad. Me pregunto si en el México democrático de hoy vamos por este camino o ya lo perdimos.
Yuval Noah Harari, historiador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, escribió un texto en The New York Times intitulado, “Puedes votar, pero no elegir lo que es verdad”en donde clarifica el lugar que tienen el poder político y la verdad dentro de una elección democrática (03/02/20). Las elecciones populares son para encauzar los deseos de la gente por medio del candidato X, Y, o Z, no para hallar la verdad. Las cuestiones referidas a la verdad deberían dejárseles a los expertos, asiente Harari.
La Escuela de Posgrado en Educación de la Universidad de Harvard (EPEH) cumplió 100 años. Celebrarlo es merecido, pues en este lugar se han incubado importantes ideas como la de las “inteligencias múltiples” de Howard Gardner, el futuro del aprendizaje de Richard Elmore y la no menos importante invitación de Paul Hanus para seguir hurgando la base científica de la educación, por mencionar solo algunas. Mucho orgullo también produce saber que un latinoamericano con ideas revolucionarias como Paulo Freire, dio clases aquí en 1969, un año antes de que se publicara su influyenteobra, Pedagogía del Oprimido.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.