Cuando hablamos de políticas “públicas” en educación (PPE) nos referimos a acciones que los gobiernos electos proponen para tratar de resolver problemas tales como la mala calidad educativa, su injusta distribución o la falta de equidad en el sistema educativo. Enfatizamos que es pública para hacer alusión a un espacio de todos. De acuerdo con Enrique Cabrero, lo público está “muy lejos de significar exclusividad estatal”. Refiere mas bien a una “intersección” entre lo gubernamental y lo social en un marco de pluralidad.
En febrero, se dio a conocer el Plan Estatal de Desarrollo 2021-2027 donde se constató que la educación no es uno de los seis “proyectos prioritarios” del gobierno de Kuri. Habrá entonces que trabajar todas y todos porque el “programa institucional” en educación ligue las ideas originales con acciones efectivas en beneficio de toda la población, pero sobre todo, de aquellas personas que enfrentan, de manera injusta, mayores desigualdades.
Una persona sensible e inteligente, ¿sabe también cultivar y mantener la amistad? Malva Flores, poeta y ensayista, nos enfrenta a esta pregunta al haber escrito: “Estrella de dos puntas. Octavio Paz y Carlos Fuentes: crónica de una amistad” (Ariel, 2020).
Un aporte valioso para repensar cómo promover la equidad en la universidad lo ofrece Ana García de Fanelli en su análisis intitulado “Políticas para promover el acceso con equidad en la educación superior latinoamericana” (IIPE-UNESCO).
Una de las cosas más gratificantes de escribir en un medio periodístico como EL UNIVERSAL es que nuestras opiniones son expuestas ampliamente. Al no cuchichear los asuntos públicos, se tienen desacuerdos de manera abierta. Esto es muy sano para lo que queda de nuestra democracia. Como nadie posee la verdad, cualquier punto de vista puede ser respaldado, refutado, o complementado.
Hace 19 años, la prensa mexicana retomaba algunos resultados de una prueba internacional (PISA) para informar y constatar lo que la investigación educativa ya había detectado tiempo atrás: pese a la importante expansión de escuelas, nuestro país no había podido asegurar las condiciones para que todos pudiéramos aprender y actuar libre y responsablemente. Además, aquellos niños, niñas y jóvenes que vivían en condiciones más desfavorables, obtenían un logro escolar más bajo. Fue un escándalo. Algunos opositores, culparon al gobierno en turno de la mala calidad educativa y de su injusta distribución. Otros reflexionaban más seriamente las causas de nuestro fracaso escolar y en lugar de buscar un solo culpable, hablaban de la “responsabilidad pública” que cada actor tenía sobre la educación mexicana.
A finales de año, la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu) publicó el documento de Indicadores Nacionales de la Mejora Continua de la Educación en México 2021, el cual tiene como antecedente el Panorama Educativo de México del extinto Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). El primer Panorama se publicó en 2004 y desde entonces, ha ido modificándose con el propósito de ser una fuente confiable de información. Desde sus inicios, se elaboró por personas altamente calificadas, siguiendo una noción de calidad, y buscando que fuera un referente “objetivo” para discutir si las políticas y los programas educativos tenían algún efecto.
La realidad educativa es fuente de aprendizajes. En días recientes, hubo tres sucesos que me hicieron pensar en la función de la educación en un país como México, en la valoración de adquirir conocimiento, en el hecho de ostentar un título y sobre todo, en lo que uno puede ser y hacer con cierta preparación académica.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.